Eduardo Ávalos

Dia



Aquel cálido ocaso,
Conocí el gentil toque de tu mano,
Pareciera que el momento fuera eterno,
Y poco a poco de tu mirada yo era preso.

 

En la presencia de la noche fría,
El insomnio se alimenta de mi soledad,
La que gobierna aquí es la tempestad,
Dentro de mi solo cabe la furia

 

Abro los ojos veo el amanecer en mi ventana,
Estaba lleno de tristeza,
Recordado tu belleza
En mi cabeza solo escucho a una vieja campana 

 

En la tarde célebre,
Mi soledad estaba ausente,
Por fin me encontré besándote
Me pregunto si mi vida seguirá siendo alegre



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