Denil Agüero

Una vez que regresó todo

 

Pudo haber sido hoy, ayer, o hace poco, no lo sé.

 

Lo único que sé, es que ahora disfruto

mis lágrimas, las suyas

sus ojos, los míos

mis risas, las suyas

y mi nombre en los dulces labios, que segundos poseí, pero por horas poseeré.

 

Ahora no hay miedo más grande, que mi cuerpo sin su abrazo, y su boca sin mi llamado.

 

No existe mayor satisfacción, que saber desde el alba, que la droga se esfumará,

que visitarás la cruel colina y la apática noche, y que la pluma que tiño mis desgracias

e invocó mi muerte, pinte ahora mi sonrisa en la libreta de las recetas, y me regrese la vida.

 

Hay un gato en el árbol que me hacía compañía, el árbol de los feroces silbidos.

Quizás ya deba metaforizarlo distinto, con mi música, o la suya,

convertirme en lo que desea, volver a oler el perfume, junto a un lamido tierno de confite silencio,

mis dedos a su cabeza, el pulgar sobre su labio, esta vez no su frente, mi beso sobre sus palabras,

amanecer boca arriba, cual abejorro sin esperanza, habiendo cumplido el sueño, que me diste.

 

Algún día sabré que hacer con todo eso que regresó

quizás abanderarlo en el altozano poético

tratar de verlo en la última ráfaga de luz

o solamente grabarlo en las palabras definitivas.



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