Denil Agüero

El dédalo de las causas

 

Contaría muchas mentiras si escribo lo siguiente:

 

“extraño el incesante, fuerte sonido de las teclas mecánicas”,

“la planicie trasera dejada por horas nalga en una silla de la más hipócrita madera”,

“el abrazo forzado que ya no recibo, mi nombre mudo, que ahora lo escucho en otra boca”,

“la fija mirada a la luna, que también era fija en el planeamiento del día”.

 

Contaría muchas verdades si escribo lo siguiente:

 

ese sonido se volvió un cantar melifluo que quiero escuchar cada noche,

recibo con amor esa estepa, trato con amor esa vil madera,

volví a sentir los más cariñosos abrazos, volví a escuchar mi nombre,

la mirada retomó su curso, abandonó su querida luna, y me guió a tu boca.

 

Admitiré hoy, ayer y siempre, me gusta más escribir sobre la verdad:

 

qué importante es detenerse y escuchar, lo que en realidad queremos oír

qué importante es levantarse y caminar, tomarle cariño a la madera de tus ojos

qué importante es desplegar y retraer, el calor de tu cuerpo y mi nombre en tus labios

qué importante es abrir y aclarecer los ojos del destino,

navegar con rumbo fijo el dédalo de las causas no importantes,

para encontrar la luna que siempre me guardó en las noches, esa que creo eres tú.

 

Una última estrofa y una última verdad:

 

Ella siempre me acompañó, siempre me guió, siempre me iluminó, como luna,

se por favor tú como ella.



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