Hugo Enrique

Elegía de una noche

De mis cálidas entrañas quiero a tu alma,
toco tu cuerpo con paciencia y delicadeza,
al movimiento armónico de una calma,
que nos mantiene lejos de esta tristeza.

A tus labios húmedos mi boca disfruta,
y de suave carne tus pechos,
ásperas manos toman cual deliciosa fruta,
llenas de dulzor y embelesos.

Caricias que nos queman,
besos que nos incitan al placer,
respiraciones agitadas emanan,
de estos cuerpos que solo saben querer.

Una noche y un repentino encuentro,
gocemos estar uno dentro del otro.
Placer indudable entre mezcla de fluidos,
sin suplicios existentes ni recuerdos amargos.

El nocturno termina y los rostros se notan,
luz que estropea el ensueño vivido de pasión,
¿luz que provocas? que las caricias se agotan,
y en un instante se detiene nuestro corazón.



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