Denil Agüero

Dicotomía

Todavía me grito a mí mismo, diciendo que fue el efecto del alcohol.

Otra parte de mi mente protesta explicando que fue únicamente el deseo.

Aún me exclamo todas las noches que fue el poder del amor que alguna vez sintieron.

Otra parte de mi imaginación reclama exponiendo que fue únicamente el humo del cigarro

que nunca fumaron.

 

Traté yo desesperadamente poder quebrar la armonía y el tiempo,

traté yo exasperadamente poder romper el mutismo de las teces apasionadas.

 

Nunca había comprendido tan bien, nunca pude sentir mejor, ese extraño dolor sin razón

cuando tu deseo lo cumple otro cuerpo, cuando deseabas gritar y maldecir hasta morir.

 

La misma noche me miraste a los ojos zullencos mientras lloraban, nunca supiste

que fue por la traición sin ser traición que ese día clavaste en mi memoria.

 

Quería pegarte y no pegarte, pero lo único que salió fue un abrazo de madrugada, un llanto que oculté con una excusa

y unas preguntas que hasta ahora he podido hacerte:

 

¿qué se sintió cumplir mi deseo?

¿qué se sintió hundirme en el vacío que ya conocía?

¿qué se sintió destruir la más frágil autoestima?

¿e invocar la acostumbrada depresión?

¿qué se siente escuchar las palabras estúpidas de mis preguntas?

 

Nunca tendrás que contestarlas pues las hice

y no las hice.

Por eso es que lo quiero

y lo odio.



Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.