Ludvaldo

LA BOCA (soneto)

Ofréceme del mundo todo el oro

por renunciar al néctar de tu boca,

y aunque es mi hacienda -por desgracia- poca,

preferiré los labios que yo adoro.  

 

En ellos me deleito y me demoro

cuando el deseo tu pudor apoca

y besos con pasión que se desboca

me das y yo también me desaforo.  

 

Por tanto en tus apremios vanos ceja

y nunca más me exijas que te deje

y que de tales pétalos me aleje:  

 

de Amor la sensatez desaconseja

-y es necio quien tal cosa me aconseje-

que yo no libe más tu flor bermeja.  

 

Osvaldo de Luis



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