Ángela Cavalcanti

Caballero sin Armadura

La noche vino, cuando él recogió esa flor, raudo cabalgaba en su negro corcel, mientras el viento rozaba su piel un sentimiento de inherente desesperación toco con ligereza su valiente corazón. 

 A la luz de la luna… en las manos, la flor, ella está a lo lejos verlo llegar, da su ofrenda a la luna, lejana y luminosa, cercana y amable, enamorado de su ser espontáneo y hermoso, él le susurra que la esperará para descubrirla sobre nubes de fuego. 

 Al despuntar el alba, ella ya no estaba, una sutil brisa al rocío matutino le susurra que ella no estará mientras la luz encandile, que solo en la nocturnia de su vida, podrá ver y sentir la magia de la flor, aún en manos del caballero. 

 En el sonido de los árboles, canta el río, al borde del agua cristalina, el caballero piensa en su ilusión, en su amada mientras el sol ilumina el rostro del enamorado. 

 Beso de media noche, la luna le da en agradecimiento al noble caballero que la recuerda como cada noche cuando el silencio canta en el corazón el amor nocturno, prohibido por hechizos y verdades. 

 Ella ahoga sus solitarios lamentos en él, él ama sus lamentos, cegado por su inmortal amor, ellos son como el sol y la luna, ellos son amantes desde antes que ambos lo supieran, y el cabalga, por todos los lugares del mundo, buscándola, descubriéndola, como el noble señor inquebrantable.



Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.