boris gold

Y LA MUERTE RASTRERA...DIJO PRESENTE

La noche era cerrada, el combate feroz, arreciaba la lucha cuerpo a cuerpo para conquistar centímetros de terreno, a un costo tan alto en vidas que los combatientes se preguntaron un montón de veces...SI NO VALÍA LA PENA ENTREGARSE.
Todo esto había comenzado como en casi todas las guerras, por trivialidades, cuando el hablar e intercambiar ideas pasa a ser algo secundario y prevalece en primer lugar...LA ACCIÓN.
Total, los que tienen decisión de poder no participan de ella, EL DOLOR, EL MIEDO Y EL TERROR DE MORIRSE LES SON AJENOS.
Y esto ya llevaba casi seis meses de perder terreno y volver a conquistarlo, para estar siempre en el mismo lugar, la única que estaba contenta era ¡LA MUERTE!.
En un momento que el resto de la diezmada tropa estaba en la retaguardia, recibieron una orden perentoria: TOMAR LA COLINA 324, punto neurálgico desde el cual tener a raya al enemigo, no dejándole recibir vituallas de ningún tipo, todo esto con arengas patrióticas en las cuales les hablaban de patria y consignas sagradas.
Las pérdidas sufridas en hombres y materiales hacían que la moral de la tropa estuviese por el piso, a este cúmulo de desgracias había que agregar que al tener que retroceder, debían dejar todos los aparatos de comunicaciones, que hacían de enlace con su base.
Para aumentar las desdichas notaron que las vestimentas eran prácticamente hilachas, de esa manera el frío podría causar estragos entre ellos, lo más práctico sería desprenderse de ellas, buscar cualquier cosa para abrigarse y de paso, hacerse pasar por civiles...POR SI LLEGABAN A SER DESCUBIERTOS POR EL ENEMIGO, PORQUE LA AMBICIÓN DE LLEGAR DONDE ESTABAN SUS COMPATRIOTAS Y PASAR ASÍ A SU PATRIA...ERA LA ÚLTIMA ESPERANZA QUE LES QUEDABA.
Llega la noche, la poca adrenalina que aún les quedaba, sumada a la feroz helada, hacía que el cuadro de situación por la que atravesaban ESOS DOCE HOMBRES, para llamarlos de alguna manera...ERA PATÉTICA.
No se les escuchó ni una palabra, el ambiente se podía cortar con un cuchillo, hasta que llegó la hora ¡DE LA GRAN VERDAD!.
A las dos de la mañana se levantaron al unísono y cual un grupo de serpientes, salieron arrastrándose del refugio sin hacer el mínimo ruido, siguieron adelante muertos de cansancio, la comida hacía rato que se había terminado y sin sentir prácticamente las piernas por la intensa nevada que caía, PERO FALTABA POCO, hacían esfuerzos sobrehumanos pensando solamente en llegar y ser recibidos por sus compatriotas...Y PODER ASÍ DARLES LAS GRACIAS POR SU SALVACIÓN.
Amaneció, la guerra seguía como todos los días, el ruido de los proyectiles cayendo, los heridos, el ulular de las ambulancias corriendo alocadamente cual fantasmas, o sea siempre igual...NO CAMBIABA NADA.
Lo único que rompió la monotonía de ese día, fueron los titulares de los matutinos que anunciaban:
¡NUESTRAS PATRIÓTICAS FUERZAS DE DEFENSA, HACIENDO HONOR A SU TRADICIÓN, HAN ULTIMADO A DOCE ENEMIGOS QUE FURTIVAMENTE...
QUISIERON ATRAVESAR
¡ LA SACROSANTA FRONTERA DE NUESTRA PATRIA !.....

Boris Gold
(simplemente…un poeta)

Comentarios1

  • Paloma P.P.

    Muy emocionante tu relato sobre la muerte en el campo de batalla que me ha encantado leerte. Un abrazo amigo.



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