Daniel Pardo

Oda al mar

¡Qué solo estás, mar!

Envuelto en tu visión de grandeza.

¡Qué solo estás sin saberlo!

 

El eterno movimiento que envuelve a tus olas

es también una eterna tristeza.

¿No habrán tus aguas de descansar en alguna orilla?

 

He intentado asomarme a tu playa,

bajar las estrellas a las aguas para ti.

Pero tú, eterna insistencia, prefieres las olas que giran.

Y tus aguas no descansan en ninguna orilla.



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