Rafael Escobar

"REVELACIONES"

 

Yo soñé que volvían

los antiguos y míticos poetas,

que tallaban sus versos cual saetas,

y tejían con pétalos de rosas

sus rimas tan candentes;

las que fueron brillantes mariposas

que llenaron las mentes

de sublimes escenas luminosas.

 

Y traían las ánforas helénicas

repletas de placeres,

do bebimos los vinos de Citeres

que nos dieron las ninfas y las diosas,

que llevaban al cielo

en sus fiestas de amor tan glamorosas,

cubiertas con el velo

de pasiones divinas y fogosas.

 

Escuché las plegarias

que Virgilio a su Venus le ofrecía,

con su hermosa y celeste poesía,

que llevaba perfume de azucenas

traídas de Corinto,

y miré las princesas sarracenas

adornando el recinto

donde hacían magníficas verbenas.

 

Y sentí palpitante

de la flauta de Pan su son egregio,

que tenía armonioso y lindo arpegio

escanciado en los odres parnasianos,

forjados y benditos

por los dioses románticos paganos,

que bebieron sensuales y solícitos

con los seres humanos.

 

Miré los resplandores

de la estrofa que arranca los suspiros,

que posee el color de los zafiros

con su verde que brilla en lontananza,

igual que un cortinaje

nuestro mundo cubriendo de esperanza,

con hermoso ramaje

dando frutos de luz y de templanza.

 

Me invadió el entusiasmo

al sentir de Petrarca sus matices,

y probé de Afrodita sus deslices

brindando con Ovidio

por el "Arte de Amar" y su grandeza,

pensaba en el presidio

de esas damas que mueren de tristeza

encerradas en lúgubre fastidio.

 

Surgieron esplendentes

como eternos luceros de la noche,

esos cantos que fueron gran derroche

del fulgor que reparte poesía;

que llenos de cadencia

nos entregan del alma su armonía,

y son incandescencia

conque Safo sus versos escribía.

 

Y brillaba en mi sueño

cual camelia en los Campos Eliseos,

de Verlaine los tenues parpadeos

en sus letras cargadas de misterio,

y que fueron crisálidas

convertidas en mágico salterio,

que con sus notas pálidas

me llevaron a bello cautiverio.

 

Observé del otoño

su crepúsculo tenue, esplendoroso,

imitando el encaje tan precioso

que formara dorado pentagrama

de hermosos ideales,

que nacieron con esa grande llama

y brotan por caudales

en los bardos que fueron oriflama.

 

¡Y cantó el alma mía

al mirar de la vida mil razones,

y vivir del amor sus emociones

con grácil compañía,

aspirar el perfume de las flores,

navegar en los mares de alegría

de pájaros cantores,

con sus trinos de magna algarabía!

 

Autor: Aníbal Rodríguez.

 



Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.