Ludvaldo

SONETÓRRIDO

La leve prenda que te cubre apenas

te quitas lentamente, tu desnudo

me deja inmóvil, boquiabierto y mudo

y siento mientras tanto arder mis venas.  

 

Me lanzo a disfrutar a manos llenas

de tu carnalidad de un modo rudo,

lo cual te encanta, y del placer agudo

seis clímax en dos horas encadenas.  

 

Sin duda está ya más que satisfecho

tu histérico deseo, y el derecho

me he ganado con creces al orgasmo:  

 

con más vigor aún tu talle estrecho 

y mi vaivén sacude el ígneo lecho

hasta que noto ya el primer espasmo.  

 

Osvaldo de Luis    



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