Enrique Dintrans A.

Las tres colinas

LAS TRES COLINAS

Hay tres colinas:
Una invisible, con una cabaña
rodeada de hermosos árboles frutales.
En ella hay una alberca
con aguas termales
y sus cielos son tan limpios
que por las noches
las estrellas juegan distraídas
contando bellas historias
akhásicas.

Otra, está gobernada por una paloma
de alas amarillas y cola de color durazno.
En esta - La "colina de la Paloma",
vive un duende gruñón
al que su nieta sabe complacer
cuando le canta una canción
de caracoles peregrinos.

Yo transité
bailando sobre un monociclo
por el camino que conduce
a la tercera colina.

Un papagayo me advirtió
que tuviera cuidado
de nombrar a los personajes de mis sueños,
ya que el mundo imaginario
está conectado con ciertas hierbas mágicas
que solo florecen en la Colina Tres
y si exageraba - como me suele ocurrir -
era muy probable
que del mar emergiera un volcán
saturado de diamantes.
Y eso sería desastroso.

Mi monociclo dio tres vueltas en el aire
Un remolino me condujo por su ojo
hacia la única cabaña de Colina Tres.

La Hada Marigen,
solo comparable con la gracia de Galadriel
me esperaba en el jardín que crecía vertical
hacia una indeterminada altura
de la que bajaba un arroyo.

Marigen cantaba una canción terapéutica
A su voz acudían abejas de oro
y sus blancas manos

pasaban por las cuerdas del arpa

con extraordinaria dulzura.
La acompañaban tres corderos
y una jirafa azul.
¡Oh, coro, qué canción tan maravillosa!

No. No es ninguna alucinación
Pero está más que claro que del agua
salían pájaros ángeles,
cada uno con una misión en su vuelo.

Quisiera nombrarlos en esta crónica
pero me viene al recuerdo
la advertencia del papagayo.

Ahora trato de juntar mis palabras y recuerdos
y me siento muy feliz de compartir.

E.D.A



Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.