Adolfo Rodríguez

Como comienzan los cuentos…

Empecé a quererte en un sueño,

así, como nos han dicho siempre

que comienza el amor, como cuentan

los cuentos, como dicen los poemas.

 

Continué por buscarte en mis recuerdos,

por si acaso, ya habitabas ahí,

todo fue tan natural que podría jurarte,

que nos conocimos siendo niños…

 

Fue tanta la esperanza que sembraste

que el tiempo ya solo supo bailar a tu ritmo,

acelerando con tus alegrías y tus risas,

parando en seco al acercarse a tu tristeza.

 

No tuve excusa, ni más remedio

que entregarte el alma entera,

hipotecando a tu nombre

el resto de mi felicidad y mis nostalgias…

 

Y esperar silente y taciturno

a que tú quisieras aceptarlas,

para curarme el mal de inviernos

y los monstruos de la infancia…

 

Para vivir en tu primavera

y poder ponerle al fin, nombre propio

a cada instante entre tus piernas,

o para morir si me los niegas…

 

Terminé por aceptar la derrota,

supe que tu amor ya no me mataría

el día que te fuiste y mi reloj, sin cuerda,

por fin recuperó el camino y la cordura…

 

Me quedé cercano a tu recuerdo

para esperar algún otro milagro,

para poder dar al mundo la primicia,

cuando enloquezca de nuevo el tiempo…

 

Cuando se abra de nuevo el paraíso,

cuando existan otros instantes

con su propio nombre, aunque ya no sean

entre tus piernas, ni entre tus manos.

 

Para poder saber, si esa nueva historia

es la de un amor tan puro como el tuyo,

para saber si ese nuevo amor comienza

como cuentan los cuentos, como dicen los versos…



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