Joseph Álvarez

CARTA DE UN POSIBLE SUICIDA

Fueron muchas las noches que tuve en mente
Meterme un tiro en el punto
En el que termina uno de mis ojos,
Y pues creo que solo me faltó el arma
Para concretar el acto.
 
Fueron muchas las noches duras,
Frías y con ganas infinitas
De terminar con esto de una vez por todas.
 
Fueron muchas, y sí, fueron muy dolorosas,
Pero ahora solo queda un recuerdo muy duro
Y estragos de lo que fue
Un inicio depresivo del fin de mi juventud.
 
Fueron y siempre estarán en mi mente,
Fueron y siempre las llevaré conmigo,
Por el dolor, por las lágrimas,
Por las noches de lluvia intensa y corazón vacío,
Fueron, y nunca dejarán de ser,
Pues a pesar de las ganas infinitas de terminar con todo
Me dejaron duros recuerdos
Y marcas en lo más recóndito de mi alma.
 
Fueron muchas las tardes de invierno
En las que me pasé decorando el cielo
Con las ondas infinitas que genera el humo
De un cigarrillo que por meses se vuelve tu fiel compañero.
Caminaba, caminaba y caminaba
Pensando en qué sería de mí una vez muerto,
Como sería el mundo cuando deje de sentir mi presencia,
Tal vez sea un tanto mejor sin mis daños mentales,
O quien sabe,
Tal vez hasta mi gato que tanto amo
Extrañe mis locuras, y mis desbordes de amor desenfrenado.
 
Tal vez sea hora de aprender a amar como los gatos,
Sin obligar, sin perseguir, dando amor cuando nace
Y sin dañarse el alma por un dueño
Que nunca aprendió lo necesario para amar a un gato.
 
Tal vez sea hora de buscar un nuevo rumbo,
Un camino con espinas que no duelan tanto
Que no penetren el alma para maltratarla
Pero que sí la acaricien con suaves roces
Generando aquel dolor que nos devuelve el alma.
 
Tal vez sea hora de empezar a sonreír de veras
De dejar de sentir que la vida es una maldita historia
De un libro que al terminar de leer
No dejará de arrancarte lágrimas,
O quien sabe, tal vez sea hora de morir
Para dejar de complicarle la vida
A las almas nobles que rodean mi habitación
Cada que me ahogo en un sinfín de ideas terminales.
 
Ya dejemos los tal vez
Y veamos cómo me derrumbo al igual que una torre de cartas
Por causa del suave viento que sale de un pequeño niño,
Dejémoslo y sigamos haciendo poesía,
Tratando de curar el alma con palabras
Y emociones que nunca sabré exactamente de donde vienen
O a donde van.
 
En uno de los tantos poemas de mi mente
Sé que está escrita parte de mi vida
Como también tengo por seguro
Que está escrito el poema de mi muerte,
Tal vez y este sea mi poema final,
O tal vez solo sea un poema de almas que decidí escribir.
 
Y pensar que me pasé media vida aprendiendo a vivir como adulto
Cuando aún era un pequeño niño,
Y la otra media vida me la pasé comprendiendo el amor y la felicidad
Para luego terminar escribiendo poemas
Que más se asemejan a cartas suicidas,
Aquí estoy, y aquí seguiré hasta el final de mis días,
Escribiendo, llorando,
Rompiéndome en trozos cada vez más pequeños
Con tal de no causar más dolor del que ya existe.
 
Pero tranquilo, no temas, no estás leyendo a un muerto
Porque a pesar de todos los malditos golpes de la vida
Aún sigo vivo,
Y lo seguiré estando, para demostrarte que esta puta depresión
No nos podrá matar jamás.



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