B Quinchanegua

Perorata del sentimiento innominado

Perorata del sentimiento innominado:

Hay un sentimiento sobrevalorado en el compendio sensorial de la conciencia humana, constituye este mísero parásito la víscera misma de las artes más nobles, el torrente por el que fluyen la música, la poesía y la pintura; pero también el abismo donde convergen músicos, poetas y pintores; ha matado más artistas que el sida y la sífilis juntas; ha infundido un vaho espeso en las mentes más brillantes: las que comprenden su naturaleza fisiológica, evolutiva y utilitaria. Un sentimiento abrasante del que no se escapa nadie, dizque el éxtasis divino que todo impulsa, dizque la cúspide de la completitud humana, el fin último de todo esfuerzo, dicen, el Dios guía de la existencia; pero como todo Dios debe ser desenmascarado, expuesto y asesinado.

En justa medida es llevadero, pero cuando es inicuo, excesivo o en el peor de lo casos: inexpresado, no hay cielo que compense la tragedia del miserable que lo padece, y no hay infierno que condene la insensatez del que no lo hace. Pero ya no más, esta cosa no es sino otra convención social, una manía, y si no… deberíamos pensar: ¿Cuántos poemas le han escrito a la envidia? y ¿Cuántas canciones? ¿Cuántos retratos le han hecho? pocos seguro; nadie escribió el "Nocturno a Rosario" declarando su profunda envidia y después se mató, o qué poeta se disparó en el corazón  "una noche toda llena de perfumes y de músicas de alas" porque sintió envidia, ¡Ninguno! Por eso es que no hay miles de cuartillas y preludios que hablen de la envidia, ni tratados sobre cómo encontrarla, provocarla o superarla; hemos cedido ante este sentir natural y lo hemos puesto en el lugar en el que está, toda creación artística lo circunda, y al espectro de sentimientos que podemos expresar lo encasillamos en la vitrina de esas letras sonsonetudas.

Es sencillo deducir a qué afección feméntida me refiero aquí, ¡pero no! me rehúso a usar esa palabra prostituida, y sin ser una licencia poética, yo propongo dejar esa monstruosidad innominada, o con fines prácticos, si es que algún almita queda con voluntad para declararse, llamar dicho sentimiento: Alquitrán con Chantilly, ilustrando así de mejor manera los dominios de este embeleco.   



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