Avefenix17

El traslado

Dejó el equipaje en la puerta; apenas una mochila y un par de bolsas que acogían las escasas pertenencias que podía llevarse al lugar al que se trasladaba. Le habían dicho que no llevase demasiadas cosas y que no fuesen de mucho valor. “Por los robos, ya sabes”, le dijeron. “No hay muchos, pero alguno hay”, añadieron. Así que tuvo que dejar en el piso muchos objetos que, aunque no eran imprescindibles, si se habían convertido en parte de su vida: libros, su ordenador, discos…” Tonterías”, pensó.

Entró en el piso y comenzó a recorrerlo en silencio. Primero, se despidió de la pequeña habitación que acogía aquellas dos pequeñas camas, en las que habían dormido tanto sus dos hijos, como dos pequeños visitantes que había tenido durante unos días, cuando su vida era muchísimo más feliz.

Continuó hasta el salón. Sonrió al ver aquel mueble que nunca le había gustado, pero al que se había acostumbrado e incluso le había sacado partido. Recordó la vieja cocina, ahora sustituida por una más nueva y moderna, que su casera había aceptado a instalar. Recordó comidas y cenas y no pudo evitar sentir un escalofrío con el recuerdo.

Por último, se despidió de su dormitorio. Aquel que había acogido su soledad y también los máximos momentos de felicidad; aquel que había escuchado su llanto y sus risas; aquel que ya nunca volvería a ver, pero que jamás podría olvidar.

Doce años en aquel piso; doce años con sus altos y sus bajos, de los que siempre había podido salir…hasta ahora. Tenía que reconocer que había tenido suerte con la persona que le había alquilado el piso; había sido paciente cuando su situación no era la más boyante, y recordó como siempre le decía: “no te preocupes, tu siempre sales adelante”. Pero esta vez no había podido, por lo que no le había quedado más remedio que decirle que tenía que dejarlo para poder alquilarlo en verano. Y él lo entendió; ¡cómo no iba a hacerlo!; pero sus ingresos, provenientes de un mísero subsidio, y la imposibilidad de encontrar un trabajo, habían hecho que la situación fuese la que era.

Ahora lo esperaba un albergue. Y tenía miedo; miedo a lo que iba a encontrarse; miedo a caer en una situación irreversible que lo empujase a hacer cualquier tontería. Miedo e incertidumbre.

Volvió a la puerta, la cerró, recogió su escaso equipaje y bajó, por última vez las escaleras. Abajo le esperaba su casera para recoger las llaves. Lo hizo en silencio, seria y, al mismo tiempo, con un punto de tristeza. Al fin y al cabo, doce años les habían hecho ser algo más que casera e inquilino. Le deseó suerte con un abrazo y él se alejó de allí con paso lento hacia su destino.

Comentarios2

  • María Isiszkt

    Tristes son las despedidas siempre.
    Dejas atrás 12 años y empezar de nuevo, es dura tarea pero así es la vida.
    Un saludo cordial.

  • Poetageneraciondel17

    Triste, melancólico...pero sin duda con gran sensibilidad. Hermoso, avefenix, como siempre
    ..



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