Franky De Varona

AUNQUE LA DISTANCIA

 

 

 

Las horas dejan de ser
en el voluptuoso temblor de tus caderas 
y tú, estoica, irreverente, viva
anidas del otro lado de mis fantasías,
vas de un extremo al otro, 
en el zigzagueo pendular de mis dudas.

Mientras, 
los segundos se disuelven
en un mundo surrealista,
raro, 
muy raro, 
donde existes 
en los algoritmos de mi mente.

Se rompen los exilios 
y apareces 
en los diametrales vitrales 
de mis blancos sueños.

El tiempo se desvanece 
en la efímera eternidad 
de mis manos 
y me olvido 
por un instante de tus detalles,
fruta y anatema y conjuro.

Pero la muerte es un gris silencio, 
inexpugnable, de lejanas nieves,
grabadas en el opaco y amarillento cuadro 
de una muralla olvidada.

Y un clavo como testigo 
cuelga los desechos 
de un amor de invierno.

Y siento un devastador miedo 
de que te extravíes en los insomnios 
de mis tempestuosas lunas 
que gimen tus misterios.

Y no vuelvas a ser lo que solías
y perdure tu silueta
en el precipicio de un crepúsculo.

Y solo vivas en la memoria.

Aunque la distancia ya no importe.

 



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