Hugo Augusto

Álvaro, hacedor de felicidad

Los ajos ardientes se confundían con los escarabajos bien tostados, mientras las lombrices se retorcían del calor en el plato botanero, rodeado de tres copas de vino de borgoña con clavos de olor y pimienta negra, a punto de avinagrarse. El calor de la fogata de leña verde disminuía el frío húmedo de la cabaña escondida en el bosque michoacano.

                Cansadas de asustar gente, en esta ocasión las tres viejas brujas brindaban en su noche y recordaron la vez que se conocieron, allá, en 1971, cuando un chamán las contrató para hacer toda cantidad de brebajes y pócimas a servirse en el máximo concierto de rock en México, el de Avándaro. Aprendieron nuevas recetas, al tiempo que se divirtieron al ver los resultados de sus creaciones culinarias en jóvenes extasiados, perdidos en la música, la mariguana y toda clase de alucinógenos. Disfrutaron los pares de ojos desorbitados, los gritos de angustia, los cuerpos que corrieran sin rumbo, hasta los vómitos mezclados en el lodo, a unos cuantos pasos del lago de Valle de Bravo.

                También aprovecharon para bailar y disfrutar de aquel bullicio y muestras de amor que extasiaban en un episodio de libertinaje que, claro, atentaba contra las buenas costumbres. Entonces eran aprendices de nahuales. Los conocimientos de la magia negra vinieron con el tiempo, hasta que su fama traspasó fronteras.

***

Damián, el gato negro se erizaba cuando las estridentes carcajadas subían de tono. La sopa de ala de murciélago fue el platillo principal de la cena. –Ay mana, te quedó rebuena la sopa, ya te puedes casar, ja, ja já.

                Las arañas enchocolatadas fueron el postre perfecto acompañadas de un refinado café, el Kopi Luwak, de la caca de mono que ya se puso de moda en la alta cocina. La despedida se acercaba al amanecer.

–Bueno, para que no se vayan tristes, les tengo una sorpresa: Álvaro, –dijo la anfitriona.

 –¡No puede ser!, exclamó con la boca enchocolatada y tremendos ojos, la que se veía menor de las tres.

–¿Todavía vive?

–No, en realidad es otro Álvaro, pero para el caso es lo mismo, ja, ja, ja, –reventaron en carcajada conjunta, mientras se descubría la charola de plata y se apreciaba aquel ser de cara enojada, ojos saltones, boca enorme. Deforme, parecía estar hincado sin las patas traseras, las cuales en realidad escondía. Su piel verde y húmeda lo hacía verse más desagradable.

–Croac, –se escuchó al momento que pegó un brinco y en un alarde de destreza lo atrapó en el aire como en sus mejores tiempos la más anciana de ellas.

–¿A dónde vas, Bufo alvarius?, si no nos has contando ningún chiste, ja, ja, ja, –volvió a tronar.

 

                Álvaro, a pesar de ser un sapo triste, tiene la cualidad de brindar felicidad, gracias sus glándulas que producen poderosas sustancias sicodélicas. El sólo olerlo produce una sensación de alegría. Y aunque hay quienes aseguran que lo han lamido para hacer “el viaje”, el trío de brujas prefirió aplicar la técnica más segura, pues cualquier sobredosis puede resultar fatal.

–Toma amiga. –La anfitriona extendió un espejo que colocaron entre la boca del sapo. Presionó sus glándulas y el suero resbaló en el recipiente, más fácil que ordeñar una vaca.

–Gracias Álvaro, ya puedes descansar.

                Ya en una pipeta y bajo el calor de un encendedor con el logo de Harley Davidson, pronto la disolución comenzó a humear y a ser inhalado por cada una de las comensales. Con la tercera, el encendedor zippo cayó al suelo. Los tres cuerpos desvencijados caminaron por la sala, una en cuclillas, otra arrastrando los pies; la última, tenía las botas ancladas al suelo de madera roída, tan sólo logró dar dos pasos. Cada una veía la oscura pared de colores brillantes y sus rostros expresaban una sonrisa llena de paz.

                No les importó el estruendo de la charola cuando cayó al piso, aquella en la que guardaban al tesoro de la felicidad. Álvaro las vio, sacó la lengua y dio varios saltos hasta llegar a la ventana. Se detuvo, sintió el aire fresco de la noche de brujas y la inconfundible la brizna de la neblina. Se percató de la presencia de Damián, el pequeño gato que se le acercó con la cola hacia arriba como si quisiera tocar el techo. Lo rodeó, se arrejuntó y pasó su lengua por el torso del sapo.

                Los síntomas no se hicieron esperar, Damián sintió mareos, todo le daba vueltas, se tambaleaba, sentía que moriría. Vio a Álvaro del color de sus ojos, amarillo.

–¡Miau!, –exclamó desorbitado. Pasados unos minutos la terrible sensación cedió y devino en la misma que disfrutaban todavía las tres viejas brujas, quienes no ocultaban sus inmenssa sonrisas. Damián comenzó a ronronear, creyó que podía hablar.

–Aarrr, aarrr. Llévame contigo, soy el gato más feliz del universo. Álvaro sólo movía el pecho al respirar y de vez en cuando los párpados cerraban y abrían en milésimas de segundos.

–Croac.

                La bruja espigada y alta observó la escena.

–¡Este gato ya se viajó!, ja, ja, ja, se oyó en toda la casa, mientras Damián ronroneaba sin parar, con el pelo erizado y los ojos extasiados.

La bruja entonces quiso atrapar a Álvaro y sólo logró caer de estrépito. Fue entonces que Álvaro dio el último salto rumbo a su propia felicidad. Entre brincos desapareció en el lúgubre bosque ante la mirada atónita de Damián, quien se lamía sin parar.

                Las tres viejas brujas se abrazaron, rieron, lloraron de felicidad gracias al triste Álvaro, hacedor de felicidad.

 

Notas

  1. El Kopi Luwak son granos de café que se encuentran entre los excrementos del Luwak, también denominado civeta indonesia y que habita en las plantaciones de café de las islas de Indonesia. Se alimenta de los granos de café más maduros, su metabolismo le permite digerir las partes más blandas y carnosas de las semillas, pero el resto es desechado.
  2. El Bufo alvarius (cuyo nombre correcto es Incilius alvarius) es un anfibio semiacuático que vive en el desierto de Sonora, México. Sus glándulas cutáneas contienen más de una decena de compuestos triptamínicos, entre ellos la bufotenina y la 5-MeO-DMT (5-metoxi-dimetiltriptamina), dos potentes sustancias sicodélicas que pueden producir desde sensaciones paz espiritual, hasta reacciones de miedo y pánico.

 

Otoño 2015

               



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