Lucia Rodriguez Lopez

X. Hábito y remordimiento

Hay un precepto que rige la costumbre

de hallarse esquivo, huidizo,

ignorante y ajeno a la vida.

Quizá un hombre, quizá una mujer,

se alejen oscuramente perdidos

mientras el sol sigue mermando

en el envés de las hojas.

Las caricias límpidas e hirientes

que vuelan como susurros tangibles

hielan igual que el estallido de una pisada

sobre el corazón quebradizo del otoño.

El ayer se resarce acorazado

en una melodía profética

y, atoradas por el fragor que se estremece,

en las trincheras no retumba

más que el círculo sempiterno

de los bosques de antaño.

Las raíces se detienen a beber de los ríos

con la misma calma que la lluvia

al caer sobre los resquicios de una roca.

Y el cansancio manifiesto en tantos rostros

con expresiones cada vez menos precisas

perfila la memoria plomiza y arrugada

cuando se escuchan, lejanos y trémulos,

los cantos jocosos y vetustos.

Quizá era un hombre o quizá una mujer.

No lo recuerdo.

Recuerdo solo el fervor de los días

acostándose eternamente sobre el bramido

de las hojas secas.

No esclarece con la lluvia tanto olvido.

 

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