POEMAS DEL DESTIERRO
73
Isla de Cuba,
cuántas guitarras han sido rotas en tu nombre,
cuántos tiranos te han violado luego de haberte proclamado doncella
nuevamente,
cuántas muchachas han mordido el polvo de su Sueño
luego de que el azulísimo mar se ha hecho rojo con la sangre de sus amores,
cuántos niños han perdido sus globos bajo el trueno prometedor de la Justicia.
Cuántas gonorreas, cuántos chancros
han depositado en ti tus salvadores,
cuántos, blandiendo el rojo matiz de la poesía,
han encadenado tus ojos, han lanzado
en aviones de papel la mentira de ti como una fruta plástica.
Isla de Cuba, sangre que no termina,
¿dónde te hallas en esta noche, dónde
que tus boleros no me alcanzan, dónde
que aquellas mujeres no me aferran los tímpanos con sus risas como
pífanos que estallan, dónde los negros que no llegan acezantes, tautológicos,
serenos como sierpes en fuga, dónde
las negras que no me asaltan con sus culos como bastiones bíblicos?
Y ¿dónde, dónde aquellas mulatas
que bajo las nieves de los relámpagos consagran la hostia?
Dónde,
amor mío,
en esta noche cuando
me dueles en toda la boca,
cuando
inútilmente
te busco en el lejano frío.
Septiembre de 1997
49
Lejos de la patria has conocido a una mujer
que tiene una pecera
y que en las noches se arrulla con el viento lunar.
Ella te salvó del frío y de la constante, inmensurable soledad
en la enorme Ciudad donde nadie te amaba.
Tú estabas lejos de la patria
o mejor dicho tú en ti habías extraviado la patria
y los senos de esta mujer te hicieron encontrarla,
los jugos de su interior te dieron las franjas
de la bandera de tu patria que habías extraviado.
Ella bajaba cuatro pisos para verte
en los amaneceres donde tú no te hallabas el lugar de la boca
y te amaba creo que como se ama
un espectáculo largo tiempo admirado y pretendido,
su sexo se asemejaba al pastel que quisiste
cuando niño:
era tierno y crujiente y parecía recién sacado
de un horno tibio,
su vientre se parecía a la patria
porque uno no quisiera abandonar su calidez,
una mujer morena cuyos ojos eran los más temibles retadores de la noche.
Sus senos debieron ser esculpidos por aquel que supo
sembrar el néctar en la piedra.
Tú chupabas sus senos como si fueran
la última baraja marcada.
Ella te sacaba todos tus jugos
y el tintineo de su voz
te hizo asegurar
que algún día los hombres se amarían
de modo que la patria comenzara en un prado
y terminase en las piernas de una mujer
y en las manos de un hombre sobre esas piernas.
Era morena y furtiva en las mañanas y antes de llegar a ti
ya su sexo había probado el rocío.
Tu supiste que sus nalgas habían sido tocadas por Cristo
y por eso jamás morirían.
Era morena como el sol que cae tras las montañas
en la inmensa Ciudad.
Agosto de 1998
75
Candorosas putas de mi patria
lejos, desde esta gigantesca Ciudad yo las saludo
yo las amo en la distancia
muchachas que soñaron como yo una vez con el porvenir del oro
equitativamente repartido
Putas mías
putas filólogas ingenieras médicas economistas lánguidas
licenciadas
que se han vendido a un italiano gordo dueño de un taller de mecánica
a un gastronómico sueco
a un trailero mexicano
a un canadiense que corta el césped en los jardines ajenos
a un español especialista en longanizas
a un portugués ratero
yo las quiero putas mías
yo las quiero y les canto y soy vuestro defensor
muchachas
adolescentes
cuyos padres les dijimos que el hambre jamás entraría en vuestro reino
puesto que era
asunto de otras latitudes
cuyos padres les aseguramos
que aquellos que hoy las poseen por cuatro dólares
eran miserables sin valor para construir un porvenir ausente del oprobio
cuyos padres les aseguramos
que cantaríamos a las cinco de la tarde
cada día
en las colinas que levantábamos donde habríamos de cultivar flautas y
guitarras
Putas de la patria mía
muchachas adolescentes licenciadas en proyectos perdidos
yo las quiero
y las convoco a seguir amando cuando llegue el momento.
Verano de 1999
7
En el Cementerio de Dolores está la Rotonda de los Hombres Ilustres.
Es una mañana de domingo de noviembre y el frío destila aun en la tierra del cementerio
(tan sombrío).
Junto a una tumba
dos o tres guitarras y tres o cuatro voces cantan para un muerto
mientras se escancia el tequila de la mortalidad.
Luego de varios vericuetos
entre vendedores de flores y vivos que van a ver a sus muertos
(y que algún día no serán más que muertos visitados)
está la Rotonda de los Hombres Ilustres.
Allí no estarán todos los ilustres del país pero los que están son Ilustres
(no hay por ejemplo ni un limpiabotas ni una doméstica ni un tragafuegos).
Bueno, lo que quería decir
es que ni mis colegas compatriotas,
ni el que suscribe,
que habitamos en la interminable ciudad de México
seremos enterrados en esta Rotonda ni en ninguna:
allá,
en la patria,
ni siquiera se ha estudiado un edicto a ver qué harán con nuestros huesos:
gracias al Tirano
nuestras futuras cenizas gozan, ya hoy, de la zozobra.
Hay un frío terrible en esta mañana de noviembre
mientras me fotografío junto a las tumbas de los Hombres (y alguna mujer) Ilustres
en el Cementerio de Dolores,
y resulta
inevitable
pensar adónde irán a dar los huesos de Rafael,
Andrés, Raúl, Osvaldo, Ernesto, Eliseo, Yoel, Elena, Carlos,
Osmar, Emilio, Odette
y de los demás
cuando llegue ese instante ineludible
en que un ser humano viaja hacia el polvo.
El frío
a cada segundo
es más descomunal y en el cementerio (tan sombrío)
hay tumbas parecidas a los barrios ricos
y otras
lucen gemelas de los arrabales más espeluznantes
de la interminable Ciudad.
Pasan unas viejecitas –que no parece que van hacia las tumbas, sino que han salido de ellas–
con flores para sus muertos,
y de nuevo
es imposible
dejar de pensar
cuál será el destino de los huesos de mis colegas compatriotas
y los míos
si no tenemos rotonda alguna
ni naranja
ni patria
ni tierra
ni flores
ni viejecitas
ni tumba en ninguna parte
ni nada.
Octubre 2008
23
Mis hijos me envían cartas como si el hijo fuera yo,
me aconsejan que no beba, que fume poco, que no salga en las noches,
que escuche rancheras y corridos
en soledad.
Un año sin ver a mis hijos tiene el peso de todas las guerras,
me ha matado mil veces,
un millón de veces he visto mi sangre correr por los tragantes.
Mi hijo es dorado como una espiga dorada
y sus ojos tienen el color emergente después de la furia,
él ha sido tierno y cuando tenía 9 años
yo le escribí un poema pidiéndole que nunca abandonara esa ternura
y así lo hizo,
él fue mi gran amigo y me enseñó a jugar como yo no sabía
y hoy seguimos siendo amigos y si ya no podemos jugar juntos
nos escribimos cartas con las reglas del juego que vendrá;
estamos tan seguros de la esperanza que ya no nos importa la esperanza.
La voz de mi hija se escucha por doquier en la inacabable Ciudad,
es la voz de tantas muchachas y del Primavera que canta en el fresno
y son sus ojos los del colibrí que a diario viene a saludarme en la ventana,
yo he visto su voz en los cientos de aviones que parten el cielo de la noche
he escuchado sus ojos
en los violines que dictan la penúltima lágrima,
en mis cartas le he dicho que se cuide de los poetas de la patria,
que se cuide de los poetas,
son los poetas los que afirman que la patria es una naranja,
son los hacedores de nuevos emblemas,
son entes peligrosos que anidan debajo de los nidos,
son veleidosos, promiscuos, inconstantes
y siempre se hallan seguros de amar a la hija del poeta,
pero son también le digo quienes saben fabricar la pólvora que salva las
heridas,
son los que aman;
en mis cartas le aviso
que se cuide del Tirano:
le obedezca,
le asienta,
las barbas del Tirano están teñidas de azul
y con ellas él caza a las muchachas que andan en busca de su príncipe,
y con sus ojos rojos
mata.
Mi hijo y mi hija
nunca han tenido una pecera.
Primavera de 1997
24
Tan pobres hemos sido, mujer, hijos míos,
tan pobre nuestra despensa, nuestros escaparates y la madera de nuestras
puertas.
Pero en lo alto estaba la tribuna de donde salían lo mismo fieras que
gaviotas que los geranios del porvenir.
Hijo mío, tú sin calcetines, sin la pistola de agua que te hiciste grande esperando,
tu madre sin más techo que sus cabellos,
sin otra piedra en la mano que la certeza de la esperanza.
Tan pobres hemos sido,
pero quienes nos leían las cartillas
fabricaban búnkeres con el soldado de chocolate que tú, hijo, no tuviste,
con los calcetines que te trajo un líder
desde sus incandescentes reuniones europeas
adonde iban los líderes a recibir el cartabón, el compás
con que se fabricarían los esplendores de todos, entre ellos el tuyo, hijo mío,
que pasaste por la niñez sin alcanzar
el juguete que por otros decires tú soñabas.
Tan pobres hemos sido, mujer, hijos míos, madre
que por tu hijo diste la última uña que guardabas,
el pequeñito fuego restante de tus pupilas.
Tan pobres hemos sido,
pero todos tuvimos escuelas al pie de las flores
un médico en cada amanecer
un atleta que ponía tu nombre y el mío y el de todos
y el de la patria, el nombre de la patria,
en lo más alto de las colinas de todas las galaxias,
mas no bastaba:
hemos bebido nuestra propia sangre en forma de conos
hemos bebido nuestra propia sangre en forma de estrellas partidas
hemos bebido furtivamente la sangre del hermano
hemos negado la patria a aquellos que también la amaban
hemos hecho de la patria un sudario de discursos
una Pena de Muerte eterna
un zoológico donde no hay raros animales.
Perdóname, patria,
perdóname dorada naranja de la patria
perdóname porque yo también asesiné a la patria en nombre de la patria
yo también firmé el decreto donde hacía a todos los hombres iguales,
donde cada hombre respiraría el mismo oxígeno, la misma cantidad, a la hora
misma,
yo también hice el giro de la hipérbole a la izquierda
hasta que el brazo de la patria se hizo trizas.
Perdónenme, mujer, hijos míos, patria:
tan pobres hemos sido,
nunca hemos tenido una pecera
también por mi culpa,
perdónenme hoy esta amargura, esta franqueza.
Septiembre 1998
34
Las putas de La Merced
serán tal vez las putas más tristes de la ciudad de México.
Las he visto caminar al atardecer
como una canción que quiere derrumbarse en cada nota,
más pálidas que la leche
las putas de La Merced tienen los ojos
tras cuatro cuevas
y si alguien amase a la poesía
abjurará de ella cuando vea las putas de La Merced:
no será posible amar a nada
al menos durante 72 horas
después de conocerlas,
en la Plaza
las putas de La Merced
parecen muchachitas que han abandonado las escuelas bajo el fragor de un
bombardeo,
son las putas más baratas de la gigantesca Ciudad,
por 20 pesos averiguan cualquier entraña
sacan cualquier zumo
por 40 se juegan el sida a la Ruleta Rusa
por 60 serían capaces de montar a un cadáver.
En las pálidas tardes de La Merced
las putas pálidas en la palidez de la Ciudad empalidecida por la contaminación
parecen arbolitos que se desprenden de la tierra
o proyectiles rotos inmediatamente después del disparo.
Si yo supiera rogar pediría un salón luminiscente para ellas
donde aprendiesen a tomar los cubiertos
a limpiarse los labios con las más delicadas servilletas según marcas
a leer de corrido
a escribirle cartas al Presidente de la República
reclamando un puesto en el Senado
o un papel protagónico en la próxima telenovela,
todas uniformadas de rosa en el gran salón luminiscente
donde tendrían hijos y lentejuelas y tarjetas de crédito
donde el agua del baño sería azul y las noches transcurrieran
en la inmediatez y el dulzor que precede al arribo a la clase media.
Si yo supiera rogar.
Las putas de La Merced siguen naciendo,
ahora mismo están naciendo cuatro
y ahora mismo están naciendo 200 hombres
que habrán de penetrarlas por unas monedas sacadas a la calle o al prójimo
dentro de 14 años.
Y nosotros
aquí,
como si nada,
hablando
y hablando
y hablando.
80
Hija mía, un día cantaremos, no importa
que yo no esté contigo; cantaremos tú y yo.
No importa
que yo ya no esté:
cantaremos los dos.
Debes creer en la canción
que han creado las flores, los árboles, el viento
y sobre todo en la que han escrito los caminos áridos
y en aquella que tantos hombres han compuesto
a tragos de hiel en las noches perdidas.
Un día cantaremos
a coro con los ángeles
(los ángeles son esos hombres
que han sorbido fuegos y metales
para que algún día las hijas puedan cantar con sus padres la canción de los
ángeles;
los ángeles que han muerto habrán de resurgir,
los que todavía vivan habrán de darles sus manos calientes
a las manos aún frías de los ángeles redivivos):
cantaremos tú y yo y los otros
mientras vamos haciendo una avenida por donde irán los niños
a buscar otra vez el arco iris.
Luego
yo seré tu niño
y tú me arrullarás.
Invierno de 1999
-
Autor:
Felix Luis Viera (
Offline) - Publicado: 10 de octubre de 2018 a las 18:38
- Comentario del autor sobre el poema: Significan mucho dolor y mucho trabajo.
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Comentarios1
FICHA BIOBIBLIOGRÁFICA DE FÉLIX LUIS VIERA
Félix Luis Viera, poeta, cuentista y novelista, nació en Santa Clara, Cuba, el 19 de agosto de 1945. Ha publicado los libros de poemas: Una melodía sin ton ni son bajo la lluvia (Premio David de Poesía de la Uneac* 1976, Ediciones Unión, Cuba); Prefiero los que cantan (1988, Ediciones Unión, Cuba); Cada día muero 24 horas (Editorial Letras Cubanas, 1990); Y me han dolido los cuchillos (Editorial Capiro, Cuba, 1991); Poemas de amor y de olvido (Editorial Capiro, Cuba, 1994), La que fue (Red de los Poetas Salvajes, México, 2008), y La patria es una naranja (Ediciones Iduna, Miami, 2010; Edizioni Il Foglio, Italia, 2011 —Premio Latina in Versi—; Alexandria Library, Miami, 2013) . Los libros de cuento: Las llamas en el cielo (Ediciones Unión, Cuba, 1983); En el nombre del hijo (Premio de la Crítica 1983, Editorial Letras Cubanas, reedición 1988) y Precio del amor (Editorial Letras Cubanas, 1990; Alexandria Library, Miami, 2015). Las novelas Con tu vestido blanco (Premio Nacional de Novela de la Uneac, 1987, Premio de la Crítica 1988, Ediciones Unión, Cuba), Serás comunista, pero te quiero (Ediciones Unión, Cuba, 1995); Un ciervo herido (Editorial Plaza Mayor, Puerto Rico, 2002; Edizoni Cargo, Italia, 2005; Editorial Eriginal Books, Miami, 2012; y Editorial Verbum, España, 2015); El corazón del rey (México, 2010); Traicioneras (Alexandria Library, Miami, 2017), y la novela corta Inglaterra Hernández (Ediciones Universidad Veracruzana, 1997).
Su libro de cuentos Las llamas en el Cielo es considerado un clásico en su país. Sus creaciones han sido traducidas a varios idiomas y se han publicado en antologías en Cuba y otros sitios. En su país natal recibió varios reconocimientos por su trabajo en favor de la cultura. En Italia se le conoce por su novela Un ciervo Herido, editada con el título El trabajo os hará hombres (Edizoni Cargo, 2005), que aborda el tema de las Umap (Unidades Militares de Ayuda a la Producción), en realidad campos de trabajo forzado que existieron en Cuba, de 1965 a 1968, adonde fueron enviados religiosos de diversas filiaciones, lumpen, homosexuales y otros.
Su novela El corazón del rey incursiona en el decenio de 1960, cuando en Cuba se establecía la llamada revolución socialista, y expone el mundo marginal de esa época. Ese mismo año dio a la luz el poemario La patria es una naranja, Ediciones Iduna, Miami, 2010; publicado en 2013 por Alexandria Library, Miami; y que en 2011 fuera traducido al italiano por ediciones Il Flogio y resultara merecedor de uno de los Premios “Latina in Versi”, otorgados en Italia.
En 1995 fijó residencia en México, país del cual es ciudadano por naturalización.
En la actualidad está localizable en la siguiente dirección: 8025 SW 107 Ave. Apto. 217. Miami FL. 33173. Teléfono 305 902 9146.
*Unión de Escritores y Artistas de Cuba
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