La última vez te vi sobre un camión,
entre montañas de caña recién cortada.
Ibas alejándote, Abril,
dejando atrás el olor a melaza y a tarde.
Hoy soñarás lejos,
tal vez con la acequia y el algarrobo,
con el calor que se iba bajo la sombra.
Tú, que tenías las manos dulces,
armando el manjar del king kong,
horneando suspiros chiclayanos
que hoy me saben a azúcar vieja.
La brisa de Pimentel te alborotará el pelo
y yo no sabré en qué piensas.
Cada caña apilada a tu espalda
pesaba como los juramentos que hicimos mirando el muelle:
cientos de tallos dulces que nunca llegamos a moler,
cosechas enteras secándose al sol de Reque.
Ese motor rugía llevándose el peso exacto
de lo que íbamos a ser.
Y yo sigo aquí,
pasando este trago amargo
con un sorbo de chicha en poto,
mientras la distancia crece
con cada viaje de aquel camión
desbordado de caña.
Y yo aquí, intentando regresar
sobre mis pasos por los arrozales.
El camión andará por rutas de polvo,
dejando caer en la carretera
pedazos de tarde.
Abril, ya no sigues entre mis manos:
eres caña al viento.
Me queda este sabor a azúcar,
y el ruido de un motor que no piensa volver.
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Autor:
Jesús de los Ángeles Valdivieso Alarcón (
Offline) - Publicado: 8 de octubre de 2018 a las 10:26
- Categoría: Triste
- Lecturas: 28
- Usuarios favoritos de este poema: Soponcio

Offline)
Comentarios1
Me gustó el poema en torno a la ausencia de una viva presencia simultánea.
Saludos.
Muchisimas gracias.
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