Añoranza, un poema a la distancia

Jesús de los Ángeles Valdivieso Alarcón

La última vez te vi sobre un camión,

entre montañas de caña recién cortada.

Ibas alejándote, Abril,

dejando atrás el olor a melaza y a tarde.

 

Hoy soñarás lejos,

tal vez con la acequia y el algarrobo,

con el calor que se iba bajo la sombra.

 

Tú, que tenías las manos dulces,

armando el manjar del king kong,

horneando suspiros chiclayanos

que hoy me saben a azúcar vieja.

 

La brisa de Pimentel te alborotará el pelo

y yo no sabré en qué piensas.

 

Cada caña apilada a tu espalda

pesaba como los juramentos que hicimos mirando el muelle:

cientos de tallos dulces que nunca llegamos a moler,

cosechas enteras secándose al sol de Reque.

Ese motor rugía llevándose el peso exacto

de lo que íbamos a ser.

 

Y yo sigo aquí,

pasando este trago amargo 

con un sorbo de chicha en poto,

mientras la distancia crece

con cada viaje de aquel camión

desbordado de caña.

 

Y yo aquí, intentando regresar

sobre mis pasos por los arrozales.

El camión andará por rutas de polvo,

dejando caer en la carretera

pedazos de tarde.

 

Abril, ya no sigues entre mis manos:

eres caña al viento.

Me queda este sabor a azúcar,

y el ruido de un motor que no piensa volver.

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