esteal38

Vale de un cuerpo voló su alma

             Vale DE UN CUERPO VOLÓ SU ALMA

 

Un timbrazo, puerta abierta,

Un cuerpo titubeante

De mirada vacilante,

Buscando ayuda encubierta.

 

Rostro muy desfigurado,

Mente extraviada, perdida,

Habla sin ser entendida,

Con movimiento encorvado.

 

Ojos abiertos vidriados,

Pide ayuda a los vecinos,

En la pared sujetado,

Con aspecto mortecino.

 

¡Qué desolación y angustia

La figura transmitía

De un cuerpo sin salvación,

Pero un ser con ambición!

 

Lucha por guardar su estado

Pero cae derrumbado.

El manojo de sus miembros

En frío suelo alastrado.

 

Levantar no pudo el velo

De la muerte reflejada

En un rostro sin nivelo

Por la agonía pasada.

 

Nadie el principio de vida,

Ni la tarde al declinar

Ni del alba al despertar:

            La hora taurina fue su huida.

 

Ni el médico pudiera

Detener en aquel cuerpo

Con el prescrito anticuerpo

La infiel alma volandera,

Huyendo por la escalera.

 

 

          

 

Queda la estela de un coro

Que la seguía de cerca,

Festejando la alharaca

            Del humano sin decoro.

 

No es suficiente el amor,

Ni el cariño y la dulzura,

Ni la mano de su esposa

Que le alivia del temor.

 

Tampoco la suficiencia

Del trabajo sanitario,

Ni el cuidado vecindario,

Vencidos por la impotencia

 

De prestar ayuda al cuerpo

Inmóvil y agonizante

Que cubre el gélido frío

Que deja el alma volante.

 

Corazón muy lesionado

Reventó sin tolerar

Segundo ataque mortal

Al fiel motor principal.

 

Marchó al abismo del sueño,

De religiones arcano,

Que ni los gurús ufanos

Conocen como descanso:

Ardid del mortal humano.

 

Su existencia fue notable:

Trabajador incansable,

Con gran simpatía amable,

Activo, noble y sociable.

 

Correcto y bien reposado.

Respetado y muy querido,

Buen padre y gran esposado,

Ni enemigo conocido.

 

Con esmero campechano

            En lo cordial y en lo humano,

Por su amistad admirado

Por todos los comunados.

 

Con interés se esperaba

Que los ojos entornara

Como así se esperanzaba

De que luego retornara.

 

Sus fijos ojos cerraron

Que acusaban de impotencia

De poder ser no ayudado.

Toda esperanza alejaron.

Murió el hombre de costado

Por mandato facultado.

 

De mi puerta en el umbral

Queda perenne señal:

La cruz de un hombre mortal

Que sirve de memorial

De un cuerpo su alma volar.



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