Zield

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Cuando fue el tiempo en el que se apagó esa luz, aquel destello libre sincero y puro, ese reflejo de quien una vez realmente fuimos, sea toda vida y su claridad verdad inocencia, cuando fue que el mundo nos sobrecogió tanto… que nos hizo olvidar aquel brillante arcoíris que cobijó esas ilusiones, donde no existían limites, donde todo en ese instante fue posible.

 

Mientras tanto lo que suponemos es el vivir continua incansable su curso, entre la alegría y el disgusto, la experiencia define el augurio, y en un momento, llega la voz del orden con su mirada implacable el futuro y desde allá nos comanda, desde allá nos arrastra, todo por un bien que no sabemos ni entendemos, pero a él se dice, nos debemos.

 

Y así la marcha patronal inicia y como un reloj nos marca, en una empresa incierta en el  nombre de futuro, crecemos nos levantamos y caemos entre la gracia de la circunstancias, su gloria y su penumbra, condenando al olvido lo que una vez fuimos, herimos y somos heridos en una lucha por el ser, no por el saber, una pelea por el tener y no por el verdaderamente comprender.

 

Al mirar atrás se asoma de nuevo esa sombra, y entonces es cuando se nos mide y cataloga y desde allí, es cuando sabemos que los hilos de la sociedad tejieron aquel velo, que nos mantuvo ciegos y aunque nunca sea tarde, la ironía es que no todos podremos saber si ya tuvimos suficiente.



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