Avefenix17

La ultima esperenza

El viejo abrió los ojos al sentir una leve brisa en su rostro. Recorrió con su mirada la habitación, pero allí no había nadie; o quizá sí, pensó mientras esbozaba una sonrisa. Volvió a cerrar los ojos y recordó.

Recordó cuando, treinta años atrás, se sentaba todos los días, a la misma hora, frente a su ordenador. Lo encendía y, después de esperar un par de minutos se conectaba, a través de la red, con aquella página, a la que se había suscrito buscando ¿Qué? Ni él mismo lo sabía definir, pero para él significaba su última esperanza.

Ella apareció como de costumbre puntual. Durante largo tiempo se comunicaron mediante la palabra escrita. No sabía cómo era en realidad, ya que ella, celosa de su intimidad, había evitado poner una fotografía en su perfil. Después de una larga charla se atrevió a preguntar lo que, desde hacía ya un par de meses, le rondaba la cabeza: ¿te apetece que nos conozcamos en persona? Y cuando ella respondió afirmativamente, su corazón dio un vuelco.

Cuando la vio, sintió que era muchísimo más de lo que había esperado. Frente a un par de cafés se mostró nervioso y, al mismo tiempo, ilusionado como un adolescente. Luego, cuando se despidieron con la promesa de volver a verse, volvió a casa sintiendo que había encontrado a la mujer de su vida.

Durante el tiempo que estuvieron juntos, tan solo sabía definirse a sí mismo como un hombre enamorado de la mujer que siempre había esperado, aunque ella, en realidad, no sentía por él nada que pudiese definirse como amor. Tan solo llenaba el pequeño vacío que sentía en su vida, hasta que decidió que podía vivir perfectamente con ese vacío.

Cuatro veces se separó de él. Tres patadas al perro cariñoso en el que él se había convertido. Pero, al igual que los perros, él siempre volvía a lamer los pies de su ama que, quizá por compasión, quizá por necesidad, volvía a acogerlo, hasta que volvía a cansarse de él. Así, hasta la cuarta, en la que decidió que, ya que ella no sabía lo que era amar, él la amaría en soledad.

Y lo hizo. Durante casi veinticinco años la esperó, la soñó, la deseó. Recordó su pelo, sus ojos, su boca, sus manos, su piel, su cuerpo, sus besos…su amor. Un día se enteró de que estaba ingresada en una residencia. Indagó y averiguó el por qué: alzhéimer. En un estado tan avanzado que ya no reconocía a nadie. Y entonces decidió que era el momento.

Durante los últimos tres años de la vida de ella fue todos los días a la residencia. Siempre le llevaba una rosa roja; sabía lo mucho que le gustaban las rosas. Les contó su historia a las enfermeras y estas le permitieron quedarse a darle de comer y de cenar. Después de hacerlo, se sentaba junto a ella cogiéndole las manos y estrechándolas entre las suyas. Ella le miraba y sonreía, aunque no le reconocía ¿o quizá sí?

Hacía ya un año que se había ido; y ahora le tocaba a él. En la cama de aquel hospital esperaba su momento, sintiendo la presencia de ella en la habitación. Era la última esperanza que le quedaba: pensar que dentro de poco volvería a estar con ella. Con ese pensamiento y una sonrisa en los labios, cerró los ojos y se durmió.

Comentarios1

  • anbel

    Ya te lo conocía.. Muy lindo. Nadie sabe como va a ser el final de cada quien por eso lo mejor es vivir día a día... De eso se trata tan solo, con o sin amor... Un abrazo.



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