Julio A. Rocha

BAJO EL ÁRBOL

Estaba sentado afuera de una pensión donde cobraban 100$ la milanesa con huevo y papas fritas + un plato de sopa, para la crisis que estabamos pasando cómo pais estaba bastante bien, pedí que me sirvieran. Y mientras esperaba, de lejos veo acercarse a un viejo, estaba flaco, con el pelo largo, y los pocos dientes que tenia estaban amarillos lo llamé para que comiera conmigo, le hice una seña a la mesera y pedí dos platos. todos empezaron a mirarnos mal y murmurar "ay este lugar ya está bastante feo como para seguirlo empeorando" "¡Y esté pelotudo quien se cree que es?" "A quien querra impresionar de seguro a la mesera" siendo honesto la mesera era linda pero no me gustaba tenia pinta de ser buena mujer y las buenas mujeres y yo nunca nos entendimos bien. Y la típica "ESTE TIPO ESTÁ LOCO"
Cuando el viejo llegó se sentó a un costado, y le pregunté: -¿Cómo te llamas?-

Me miró, pero no pronunció sonido alguno.

-¿hace cuanto no comes?

Suspiró profundamente pero siguió sin responder.

Vino el dueño de la pensión, un tipo bastante gordo, con restos de comida en la barba y me dijo:

-Ey amigo!!! El no puede quedarse acá!!!-

-¿Por que no?-.

-Está todo sucio!!! No tiene buena pinta, le da mal aspecto al lugar!!!!-

-Escucha "amigo" este lugar se da mal aspecto sólo, ¿crees que no he visto que el cocinero seca los platos con el mismo delantal que se seca su mugroso sudor?

Se quedó cayado.

Desvie la mirada al costado y el pobre viejo miraba con miedo, cuantos no le habran dicho lo mismo antes de echarlo sin razón alguna.

-Sabes que, dile a la hermosa de la mesera que prepare todo para llevar.

El dueño se fue a la cocina y despues de unos 15 minutos trajeron la comida bien envuelta.

Pagué.

Y grité: viejo vamonos, por acá cerca hay un parque donde vamos a poder comer tranquilos sin toda estas tonterias y problemas. Se levantó y fue detras mio.

Ya en el parque nos sentamos debajo de un árbol y empezamos a comer cuando terminamos, las lagrimas bajaban de sus ojos escuché ese gracias silencioso que gritaba su mirada.
-tranquilo viejo, tranquilo- le decia.

La gente que pasaba nos miraba y murmuraba:

"Míralo al pelotudo ese, hablando con un perro, debe estar loco".

 



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