RICARDO ALVAREZ

SEGLARES DEL VINO



 

 

 

 

 

 

 

¿Bajo qué silencioso conjuro de astros,

que secretos emporios descubrieron

las recónditas esferas de tus racimos

que ni todo el oro espigado del trigo

fileteó runas en los peñascos.

El arcano concilio levantó tu fruto uva, madre del vino,

cuantos siglos el hombre festejó tu alborozo?

 

El rojo espíritu victorioso fue caudal torrentoso de legado,

tiempo que extendías en todas las regiones como un rio primitivo

que en sus meandros se desborda.

Traías ditirambo de liras sobre el bronce de tus leones,

 Declamaban odas legendarias nómadas juglares

diásporas aldeas te llevaban al talego mitigando la jornada adversa.

Otrora te bebió "Alejandro Magno", festejaron las legiones de "Aníbal el Bárbaro"

y en los días del circo romano fuiste refrigerio frutal del senado.

 

Has sido milenios beatitud gozosa, el jolgorio tras la guerra,

mitigan el cansancio, bálsamo del leso soldado,

tu preñez fue un canto de gloria, panacea tinta mora o blanca

fue tu néctar gozoso al paladar tu milagro.

 

¿Cuántos pies y en cuantos lagares han aplastado tu cuerpo divino?

Los pájaros del aire y los hombres te han sorbido,

manjar de lluvia minuciosa, cuerpo sustancioso en la copa

Al mundo revelaste el hijo prodigo, fermentación pura de la cepa,

jubilosa atraviesas etapas como un símbolo que se brinda.

 De mano en manos fuiste, alegre corazón del hombre gitano,

en la senda milenaria entregaste la llama valiente de tus leones,

presente desde la primer aurora de generaciones.

Por el rojo rio de los crepúsculos corrían tus bronces

y en las infladas talegas tomaste forma de cuerno.

 

 

Cedida de mano en mano en el ritón griego hasta la distante Germania.

Alegre tus cristales fluyendo la extensa historia de vida.

Los ojos del mundo han visto como roja alegoría

fluir por la sangre que brindó el galileo. Clerical profunda,

en tenaces tinieblas , dádiva y flamero de luminosidad,

alfanje de pétalos rosas , escarlata color de vid madura,

veneración distribuida donde las aguas rufas del Mnemósine se saturan .

 

Honrado el vasto sol que maduró el grosor de tu dicha.

Vino, eres arte entre las artes, festival de esparcimiento,

te declaman memoriosas aldeas a tus colgajos que mitigan

pesadumbres de golas. Tu fama en cada gorgoteo libado en las gárgolas.

 

 

 De LLUEVE EL VIENTO EN LOS TEJADOS- a publicarse julio 2019 - Ed. PALIBROS - N.YORK - EEUU

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