donrevis

LA DAMA DE LOS SOMBREROS

LA DAMA DE LOS SOMBREROS

Un día más sentada ante su tienda

en el banco que ocupas cada día,

al acecho de aquel que más querías,

tejiendo como siempre alguna prenda

con la que revestir tu soltería.

 

Te afanas obsesiva en tu labor,

soportando  los fríos y calores,

masticando los crueles sinsabores

causados por aquel ingrato amor

que traspasó tu alma de dolores.

 

Y tan sólo abandonas tu labor

para centrar de nuevo tu mirada,

nostálgica, triste y enamorada,

en el hombre que te juró su amor

para dejarte luego abandonada.

 

Aquel amor paralizó tu vida,

tu mundo se detuvo de repente

trastornando tu lógica y tu mente.

Y desde aquel, momento tu alma herida

se muere cada día lentamente;

 

tocada de estrámboticos sombreros,

con vestidos de ciento y un colores,

aislada, insensible a los rumores

de la gente que pasa, a los obreros,

perdida en tus mundos soñadores.

 

¿A dónde viajará tu turbia mente

enredada en la niebla del pasado?

Quizá volviste a  aquel amor frustrado,

el que viviste apasionadamente

y que dejó tu corazón bloqueado.

 

Atardece en la plaza de Arriquíbar

y cientos de estorninos y gorriones,

te acompañan con trinos y canciones,

en tu triste soledad llena de acíbar

de un amor que mató tus ilusiones.

 

Y de repente, te envolvió la noche.

Recogiste la bolsa de tus lanas,

una última mirada a la persiana

cargada, como siempre, de reproche

y te perdiste en esa jungla urbana.

 

Y como en la canción de Mocedades,

(“en todo el barrio te llamaban loca”)

tú viajas sin parar de boca en boca,

sin que entiendan tus tristes soledades

y que es amor lo que te descoloca.

 

Jose Cruz Sainz Alvarez

Septiembre de 2018

Comentarios1

  • itxaso

    Preciosos versos a una persona que sufrió por amor todo el resto de su vida.
    Y me emociona, porque forma parte de los recuerdos de mi infancia. Yo estudiaba en un colegio muy cerca de la plaza de Arriquibar y la veía mañana y tarde diariamente, durante años y años, siempre tejiendo, con unos sombreritos imposibles, distintos todos los días, sentada exactamente en el mismo banco de la plaza. Recuerdo cómo nos parábamos a mirarla y nos reíamos, como niñas que éramos, que sabíamos poco de la vida.

    Hoy en día la plaza es de diseño, no están los árboles llenos de estorninos ni gorriones ni por supuesto aquel banco ni aquella figura que quedó fijada para siempre en mi memoria


    Un abrazo

    • donrevis

      Son esos mismos recuerdos, o unos muy parecidos, los que me inspiraron para escribir este poema.
      Yo trabajé durante años en el Edificio Ercilla y fueron muchas las veces que la observé sentada impasible en aquel banco.
      Muchas gracias por tu visita y un fuerte abrazo.



    Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.