JG Coreas

EL MENDIGO DE CARIÑO

Enmedio de la fria noche de invierno se denota una tenue silueta entre las vagas luces de los faroles de la céntrica avenida, un hombre de decrépita apariencia la cual es a su vez poco agraciada y de traje de vestir viejo y rasgado.

 

Hombre de cuerpo herido y lleno de cicatrices, el cual revela el sufrir de muchos años de soledad y abandonó, por aquellos que le juraron cuidar y amar.

 

Una persona olvidada en la historia, sin pasado, presente ni futuro. Conocido únicamente como "el mendido de cariño". Un seudónimo dado al olvidado, otorgado al que dejo de ser importante para cualquiera.

 

Conocido alguna vez por muchos pero olvidado ahora por todos, debido a la culpa de su mala fortuna, a este hombre se le puede ver sonriendo estando solo en las calles, pensando en los pocos lugares que le hacen sentir aún vivo. 

 

Al andar por las calles le sonríe gentilmente a quien le ve pasar, mas envés de ser correspondido únicamente tratan de evitar le aquellos que le ven, al pensar que el mendigo es un cáncer que ensucia su amada ciudad.

 

De esta forma el mendigo solo baja su mirada, y continúa su caminar hacia un lugar elevado, totalmente solitario donde nada más es visible una blanca y fría nieve rodeada por las tinieblas, donde únicamente dos luceros iluminan la fría noche de aquel mendigo.

 

Luceros en los cuales encuentra una platónica felicidad, ya que en medio de su soledad son la única alegría de su día a día, estando en su mente un profundo sueño en el cual desea algún día lograr, este es aquellas luminarias poder alcanzar.

 

El mendigo espera todas las noches la llegada de los luceros para contar les su día, mas aveces estos no se dejan ver, por culpa de nubarrones que opacan el firmamento haciendo mas largas y solitarias las frías noches del mendigo.

 

Mas el en su pena aun sonríe aunque no les puede ver, ya que sabe que estos se encuentran en su lugar de siempre velando noche tras noche por el.

 

 

Aveces en las frías noches un lucero brilla mas que el otro, desesperando el mendigo, por pensar que este se puede llegar a apagar, envolviendo mas en tinieblas su pálida existencia.

 

El miedo acoje el alma de aquel hombre, ya que estos son los dos últimos luceros que velan sus noches, debido a que todo su firmamento se ha opacado dejando solamente oscuridad a su paso.

 

Una cosa solo pide al cielo aquel pobre hombre olvidado, que aquellas dos luminarias no desaparezcan de su cielo, ya que el día que esto ocurra su fin sera seguro y certero.

Comentarios1

  • Carlos Hector Alvarez

    Un triste retrato para un hombre olvidado como tantos que sufren la injusticia de una sociedad que ha perdido el sentido del pecado, olvidando que debemos amar al prójimo como a nosotros mismos, para que seamos una comunidad feliz.Un abrazo

    • JG Coreas

      Agradezco humildemente tan agradables palabras en las cuales expresa el sentir de una persona la cual a guiado al corazón de un respetable lector en esta historia del alma



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