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EL INFANTE GENERAL FUENMAYOR ME DESAFIÓ PELEAR

 

[Narraciones de Claustro Universitario y Extramuros Académicos]

 

Por Alberto JIMÉNEZ URE

 

Mi niñez no fue, rigurosamente, «divertida»: detesté la hostilidad que exhibían mis vecinos, jugar béisbol, fútbol, bailar y también algunos compañeros de estudio muy pendencieros. Nunca adherí al machismo infante e igual me irritaba el exhibido por los señores. Recuerdo mi primer día de clases formales, en una escuela primaria del Campo Petrolero «La Ceiba». Ya sabía leer y escribir. Aprendí en un kindergarten fundado por una de mis tías.

Cuando entré al salón [8 am., 1957), las mejores posiciones estaban tomadas. Elegí un pupitre situado al fondo. Acomodaba mis cuadernos en el estante inferior y, por ello, no identifiqué al chico que puso un papel encima de mi superficie de trabajo. Rápido, leí su contenido:

«Te desafío pelear, Albert: después de las clases, en el estacionamiento de la escuela» (Firma: Romel Fuenmayor)

Me atribuló. No he sido proclive usar mis puños sino el intelecto, que me salvaría de tantos vándalos. Dos lindas chiquitas estaban enteradas del asunto: me miraron y luego señalaron un varoncito flaco, con menos estatura que yo, de ojos amarillos y pícaros. A ellas les di el mensaje para que lo pasaran de mesa a mesa hasta devolvérselo al buscapleitos.

Excepto las hembras, durante el único receso casi todos los muchachitos me gritaban:

-«¡Eres cobarde!», «¡cobarde!», «¡cobarde!» […]

Las piernas me temblaban como gallina víspera de torcedura de cuello. Irrefutable lo que me decían los malpariditos. Retomamos las clases y finalmente decidí enfrentarlo.

-Lo haré, sí, sí, sí: él vencerá –murmuré a varias damitas que divulgaron mi aceptación-. No responderé sus puñetazos.

A la salida me detuve en el lugar acordado y arremetió. Caíamos al pavimento. Escuchaba, aturdido, los  animalescos alaridos de muchos emocionados espectadores. La contienda fue interrumpida por Gladys, hermanita mayor de mi rival, a quien el futuro deparaba convertirse en esposa del Teniente Coronel [golpista del 4-F-1992] Francisco Arias Cárdenas. Empero, también Romel Fuenmayor tendría una carrera militar brillante. Alcanzó el rango de General de División. Era edecán del Presidente Carlos Andrés Pérez cuando, con una tanqueta, los magnicidas [en grado de frustración] intentaron demoler al Palacio de Miraflores. En el «Hotel Prado Río» de Mérida, me narraría su enfrentamiento armado para impedir que los sediciosos asesinaran al Primer Magistrado: con ametralladoras, fusiles y pistolas hasta quedar sin municiones y expuesto en la penumbra.  «Los hostiles habían sido mis alumnos en el Fuerte Tiuna, Albert. No quisieron abatirme y se rindieron» -solía rememorar-. Años después, el Presidente Hugo Chávez Frías lo nombró Director de la Compañía Anónima Venezolana de Industrias Militares [CAVIM]

-Continuaremos el próximo sábado, Albert –sentenció Romel-. A las 11 am., campo de golf profundo. Sin testigos.

-Bien –le respondí-. Iré.

Mi madre estuvo nerviosa porque supo el asunto del revolcón y ese sábado intentó, casi a la fuerza, impedir que saliera. Pero, fui a mi encuentro con el destino. A mitad del terreno sembrado con césped podado, lo miré venir. Traía un pequeño maletín en su mano derecha. Se aproximó a un metro de distancia, sonreído.

-Sólo quise comprobar que no eres un cobarde, Albert –discernió-. ¿Sabes jugar ajedrez?

-No –musité, sorprendido.

-Te enseñaré y seremos mejores amigos.

Cada cierto tiempo, Romel Fuenmayor visitaba la «Séptima Brigada» del Estado Mérida y enviaba subalternos buscarme en la «Oficina de Prensa» de la Universidad de Los Andes. Llegaban sin uniforme, pero el corte de cabello los delataba.

-¿Usted es el escritor Jiménez Ure? –inquirían.

-Lo soy –replicaba idéntico, cada ocasión.

-Lo llevaremos. Preparan una parrillada en la brigada. Tenemos abundante Heroica.

En el curso de uno de los envites, varios coroneles me propusieron ingresar a la «Dirección de Inteligencia Militar» [DIM, en calidad de Asesor de Imagen y Redactor de Documentos] Oferta que el propio Romel torpedeaba.

-Albert es cuentista, novelista, poeta y comunicador social -sermoneaba a los oficiales borrachos y emocionados escuchándome despotricar contra las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia [FARC], con las cuales ellos experimentaron combates en Guasdualito.

El Año 2002, Chávez Frías asoció a Fuenmayor con los oficiales que le pidieron renunciar. Se rumoraba que lo eliminarían. Me llamó telefónicamente para confidenciar:

-Me iré del país, Albert: espero reunirme de nuevo contigo y Joseíto Miranda, al cabo de esta tragedia. Estoy, injustamente, imputado. Supe, ordenaron matarme [...]

 

 

 

   

 

   

 



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