Walter Trujillo Moreno

LA GUERRA VISTA CON LOS OJOS DE LOS NIÑOS

La  guerra es negra,
negra como la muerte,
roja como la sangre que se derrama,
la guerra es destrozos, dolor, amargura,
augurio, venganza, penas y sobre todo pérdidas,
pérdidas humanas, familias, hijos,
la vida, la ilusión,
pérdida del alma,
del sentido de vivir,
del sentido de la vida misma.

I

La guerra en Chile.
El odio al dictador Pinochet se lee en los ojos de Luchin,
murmurando dice, las casas,
calles, el pueblo caen como lego,
Los soldados todo lo destruyen.
Cuenta con el corazón en la mano,
los fantasmas en las lágrimas,
todos corren,
corren en todas las direcciones,
perdidos en sí mismo,
corren con los ojos desorbitados,
las piernas mudas,
los brazos inquietos,
el pelo erizado,
muertos de miedo,
sin brillo en los ojos,
con pasos desordenados y volando al cielo.

Mi Mamá grita llena de impotencia,
ahogada en su desesperación,
mi hermana llora de dolor,
mi padre teme perder su vida.
Lo persiguen,
lo acechan,
lo rodean,
lo laceran,
lo golpean,
lo insultan,
lo escupen.

Tropieza y cae de bruces al  terreno húmedo,
a la tierra mojada,
Un proyectil  atravesó su cráneo.
Me niego a creerlo,
intento borrar esa idea de mi cabeza.
Su frente se enrojece,
se moja de rojo y carmesí.
A mi padre se le escapan los años,
sus sueños, sus deseos,
la ilusión de verme ser alguien,
su amor a mí, a mi madre y mi hermana,
pierde sus sesos  e incluso pierde la vida.
Hoy le posee el olor a muerte,
el lodo, la falta de derechos,
el olvido de sus semejantes.

 

II

Una niña dibuja con una tiza de una playa olvidada,
su madre ausente sobre el cemento frío,
a golpe de movimientos bruscos y largos,
lo marca  la retoca con fuerza,
con ira con odio,
casi pidiéndola que se levante,

Mientras la dibuja en el suelo y su fantasía,
la abraza, la besa,
le dice, madre te quiero, te quiero demasiado,
no me dejes sola,
despiértate ahora, ya,
por favor no me hagas esperar demasiado.

Al mirar que sus deseos no se cumplen,
su mamá no respira,
ni siquiera Dios la puede resucitar.

Se tira al suelo,
se acurruca junta a su madre,
se enrolla sobre sí misma,
siente que la abraza,
lo aprieta,
se encierra en su cuerpo frío,
dentro de su madre grande,
No quiero despertar,
su madre ya no está más sobre la tierra,
está ahora en el aire,
en las estrellas,
más allá del cielo y la fantasía.

Su madre ha muerto por nada por nadie,
por culpa de un error,
un mal cálculo,
por culpa de una bala perdida,
el egoísmo,
la locura de unos señores dueños del mundo,
de la tierra,
de los minerales,
del bienestar,
de la vida,

Al final me quede sola,
sola con las paredes,
sola con la memoria,
sola para siempre,
sola en todo el universo,
sin presente,
ni sueños, y sola sin futuro.

 

III

Ylam, el alma de un niño dibuja un corazón sobre la arena,
intentando decir al mundo.
No quiero morir en vano.
Más allá del mar,
más allá de las estrellas,
sigo existiendo.
Su cuerpo inerte se durmió sobre las olas,
se hundió con la brisa y las lágrimas,
se perdió en el horizonte.

Hoy duerme en los brazos de Poseidón,
un sueño largo y eterno,
no tiene más miedo,
su alma está a salvo,
llego algún lugar,
vive en el paraíso líquido,
hoy es parte del mar y sus habitantes.

 

Por Walter Trujillo Moreno, Julio - Septiembre 2018



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