José Roberto Vásquez

LOS COLONIZADORES

 

 

En tanto las sociedades se planifiquen en base al bien y el mal, el sistema no dejará de favorecerse de los más vulnerables, aún aquellos que tienen una visión consciente del ecosistema, no están eximios de caer víctima de los poderosos, ya sea porque se vean seducidos por el tener como antítesis del ser, como ha pasado con la mayoría de la vieja izquierda que ahora es tan cuestionada por apartarse de los ideales sociales y revolucionarios que abrazaron en su juventud, o por mero cambio generacional que ha provocado agotamiento psicológico y físico en sus humanidades.

Lo cierto es que la pobreza sigue cobrando víctimas y los poderosos, lobos hambrientos de posesiones, poder, reconocimiento y servilismo continúan financiando a sus lacayos traidores a la patria para seguir engañando al pueblo. 

El empleo, por ejemplo, con sus mediocres salarios que pocos logran, no es más que una adaptación a la pobreza; burbuja que se rompe cuando los poderosos quieren, dejando a la clase trabajadora en total miseria, como estrategia de exterminio y dominación.

"El valor de lo que el obrero produce, siempre es de mucho más valor que el pago que percibe por hacerlo" (Marx)

 Actualmente en la era de la globalización de las comunicaciones, con inmediatez todos nos podemos enterar de la hipocresía de las derechas y de las  “izquierdas”, nos podemos enterar que la política y los políticos hoy por hoy pisotean a su antojo la CONSTITUCIÓN DE LA REPUBLICA y al PUEBLO que con fe y esperanza llega a las urnas a elegirlos porque es la única forma de decisión con la que cuenta;  decisión que es pisoteada una vez los políticos son ungidos en sus cargos desde los cuales arremeten en contra del soberano  al que engañan con sus ideologías que siempre han   coincidido con   sus agendas programáticas y convenientes, ( ideología entendida como la  manera de encubrir la realidad, realidad entendida cómo la verdad).

El sistema obliga al pueblo a tener tanto miedo de manifestarse por sus derechos, que mejor eligen ser buenas víctimas.

 

La clase trabajadora necesita entender y consolidar su propia identidad, una conciencia de un destino común y un proyecto colectivo.

 

 



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