José Siles

Piedad

Quién a la piedad

no se rinde

cuando tras las ventanas

de una tarde espesa 

como el alma del prestamista

contempla el hálito entrecortado

del pétalo herido agonizando

el aliento postrero 

del último colgajo

al que aquella rosa enferma

se obstina en aferrarse.

En: "El sentido del navegante". Editorial Instituto de Estudios Modernistas, Valencia, 2000.



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