Dorio de Gadex

No hay mares nuevos



Languidecen las blancas velas,
tristes, flácidas y muertas.
Otrora henchidas de sueños,
ahora agonizan en el aparejo.

Solitario, el horizonte azulado,
mira aburrido al océano domado.
Maldice en silencio su desdicha
¡Ya no queda tierra desconocida!

Como el amante en su soledad,
ebrio de romanticismo y pena,
el marinero repasa sus recuerdos
a falta de navegar mares nuevos.

No hay mayor fracaso que el tedio,
que verse atado sin ningún remedio,
atrapado el alma en eterno bostezo,
al saber que ya no hay un mar nuevo.



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