Lluvia Briseida

Rosa cabrona

Se enamoró de mi cielo gris semiopaco

y disfrutó de la poca luz que emanaba,

sin saber si llovería al final del ocaso,

estiró sus brazos y afinó la garganta:

“Este hombre de aprensivo no tiene nada

y tu ánima peregrina dirige mi camino,

como transeúnte muerto por la mañana,

como el curioso ante lo desconocido”.

 

El rosa esculpía sobre mi semblante tieso

con la fuerza sobrehumana de un demonio,

y lo oculté bajo los vestigios de sus besos

maldiciendo al sórdido brío entre nosotros.

 

Era infinita en su espléndido universo

y él como el viento, tan agitado y efímero;

la rima de su verso y su vida en epíteto,

pero él tan solo es mi canje perfecto.

 

 

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Autor: Lluvia B. Espinoza Morales



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