A. Martinez

Si se pudiera.

 

Si pudiera decir
lo que no tiene nombre,
como el empequeñecer
del pecho,
o ese salto
que se empotra
en el techo del estómago,
cuando los surcos rudos
de mis manos,
contienen el suavizado
óvalo que enmarca tu rostro,
y leen el calor de sus mejillas.

 

Si pudiera saber lo indefinido,
lo que quedó sin fecha,
como los días frágiles
y secos,
o ese notar
la inseguridad
que me esconde los zapatos,
cuando tú te haces humo
por entre tanto verde,
dejando el sonido
singular de tu voz
en pausa.

 

Pero no puedo,
entonces ando indefinidamente
sin nombre,
sin la voz,
por entre el verde,
mascullando pasos
que suenan como lluvia,
persiguiendo el camino,
que se me escapa
con su prisa de charcos,
saltando de un rincón a otro,
buscando una sonrisa en tu retrato.

 

Eduardo A. Bello Martínez
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