A. Martinez

Acompañado.

 

Tu voz de apetecible ritmo,
redondeo de vocales,
llega lista al desayuno,
despoblando mi cuerpo
de cansancios
en un abrir y cerrar de boca.

 

Con ella todo vuelve
a la normalidad,
y el tedio de lo cotidiano,
esconde sus gritos
en las gavetas,
abriendo espacio
para mejores conclusiones,
apurando en mi rostro,
la perenne sonrisa
y la amabilidad.

 

Salgo a la calle,
arropado en la esperanza
de tus ojos mansos,
con un beso
protegiéndome del sol,
sabiéndome seguro,
pues aquí (aunque no estés)
a mi lado nunca faltas.

 

Eduardo A. Bello Martínez
Copyright © 2018



Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.