Gerardo Fernandez

Diario de un epónimo con cuerpo

Regresaste al lugar

            que como un disparo

de nieve

llevas en la sien.

 

Quisiste ser un héroe

y que tu nombre fuera

música

            lejana

tañendo al amanecer:

            la marcha de soldados,

perdón,

de tus botas

un viernes

de camino a la peluquería.

 

Viniste y

los gatos

se desperezaron

en tus bolsillos.

-Sonajeros rotos.

Los perros se olisquearon

esperando encontrar tu linaje

entre sus piernas.

 

La hora en la que te

encuentren

inventarán los santuarios.

Sus bóvedas peinarán

tu alma ventosa.

 

No puedes dormir: ¿cómo

meter tu cuerpo de

calles estrechas

casas bajas

atardeceres amarillos

bajo una colcha a cuadros?

 

Decir que tus escamas

son el empedrado de

sus pasos

(el lunes: tantas pisadas…)

 

Caminan los huesos

por encima de ti.

Alguien cruzará el charco

que corona tu tumba

            y entrará

en Roma olvidando

las Galias,

deshaciéndose del recuerdo

de los salvajes.

 

Habrá que buscar

            algo

que apacigüe tu reinado.

Sed de aortas

de niños

correteando tu estirpe,

una tarde de invierno,

camino al colegio

pasando por encima

de tu leyenda.



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