Pablo Perez Maisonet

Al pasar los años

Al pasar de los años

En temprana huida tus encantos
Huyeron de tu divino cuerpo.
Encantos que me alegraron tanto
Que fueron mis tesoros primeros.

Pero fueron flores de estéril campo
Que languideció al final tu belleza.
Y tus amores de armiño blanco
Se cubrieron de una dura corteza.

Huyeron sin que pudiera impedir
Tan fatídica y pasmosa procesión
Dejando trunca toda ambición
De seguir degustando tu placido vivir.

Creo que ha sido mi culpa, no tuya,
De tan sorpresiva desilusión
O no me prepare para la huida
O no quiso darse cuenta mi corazón.

El azabache de tus anhelosos ojos
Vedado y oculto ha quedado,
Callando tras los años tus antojos
Negando tus deseos y cuidados.

Y los labios que aún me besan
Con la misma intensa pasión,
Han perdido su sérica corteza
Cambiaron el almíbar de su amor.

Si, se han marchado aquellos años
Sin que pudiera detenerlos.
Son memorias que han quedado
En las páginas etéreas del viento.

Pero aunque respuesta no tenga
Esta insipiente pregunta
Y latente permanezca 
El deseo de verte hermosa
Tú siempre serás la rosa
Mas hermosa que haya olido
Y jamás veras el olvido
De este corazón que te adora.

Pues más haya de tus hoscos labios
Late un corazón, el mismo,
Aquel que degusto mis versos
Y que aun siento conmigo.

Y detrás de tus ojos opacos
Apagados en el crisol de los años
Tu amor sigue sin cambios,
fielmente, aun me sigues los pasos.

Si, se fueron esos encantos,
Superfluos, vanos, efímeros
Pero llegaron otros tantos
Que ahora duermen conmigo.

Pues se ha cargado tu alma
De una preciosa simpleza
Llena de humildad tanta
Desbordante de amor y pureza.

Eres la mujer más bella
Que jamás haya nacido
En el día son obvios tus detalles
Y en la noche tu astral brillo.

Esa sonrisa hermosa,
Toque exclusivo de Dios,
Perfumada de jazmines y rosas
Así te prefiero yo.

 



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