Kleber Exkart

El rastro de tu feromona

Estuve en la antesala de tu cuerpo.

Los accesorios que llevabas,

corsé, un hilo libidinoso,

el tatuaje en tu vientre

y tus medias de hilos de seda

eran lo de menos.

 

Lo que realmente importaba

era el fuego de tu sangre

mezclada con el vino de mis besos

que en fogoneras llegaban

a tu vientre arqueándose

acompasadamente buscando

el tiro de gracia de Eros.

 

Tus manos suaves como paño

de seda iban y venían por

la geografía agreste de mi falo,

que amenazaba con explotar

en una sinfonía de placeres

no vividos con otras.

 

Era la magia de lo sentidos

potencializando nuestros cuerpos.

Era el sol y la luna

alineados en un eclipse

liberto de luces y sombras.

 

Primero el rubor de tus ojos

calculando el escenario

del cuarto de hotel.

Después tu timidez paseándose

por la cuadrícula de la cama.

No atinabas a temporizar tus movimientos.

Una suave melodía

de fondo nos acompañaba.

 

Tímida esperabas que hiciera

el primer movimiento,

que adelantara mis líneas,

que buscara tu flanco

y moviera tu risa o tu llanto.

El caos del deseo yéndose

de la manos tuyas y mías.

Tú un manojo de nervios

yo una saeta corriendo tras tu cintura.

 

Finalmente desnudos,

abrazados al tiempo,

al espacio donde los sonidos mueren,

donde se verbaliza el te quiero,

el te amo para luego chasquear

la furia de la dulce mordida,

de la lamida larga a tu sexo,

del beso tornillo, de mi lengua

paseando por las aureolas

de tus senos que se yerguen

como montañas voluptuosas

que tiemblan al vaho de mi respiración.

 

Siento que voy

derrumbando tus muros,

tus miedos, que paso de conquistado

a conquistador, que tengo el tridente

y tu el surco, que llevó la honda

y derribo a Goliat, que desató

los nudos gordianos

de tus represados deseos,

que conquisto tu largo clítoris

que se bifurca en ríos

de miel ahuecados

en tu profunda gruta.

 

Distendida, con el sueño de almohada

y tus piernas sueltas buscas

el próximo round. Mis manos sobre

tus muslos juegan con tu sexo.

Un olor a requesón y mar

sube despertando mi milenario

hambre de caverna

y hombre de ciudad.

 

Se que soy la yuxtaposición

de todos los adanes edénicos,

que vuelco el olor de Aron

entre mis sudores y almizcles

que marcan el territorio virgen de tu piel.

Pasará mucho tiempo hasta

que el rastro de mi huella

se diluya entre los baños

de jabones Protec y aceites de argán

para que tu piel vuelva a ser tuya.

He plantado mi falo

y mi semilla en tu boca acética.

 

La ciudad esta amodorrada,

los semáforos en intermitentes

cucullan la madrugada.

Mis manos entrelazadas a

las tuyas te aprietan suavemente.

Somos etéreos, caminamos sobre

el asfalto buscando el amanecer.

Vamos silenciosos. Mas allá te perderás

entre los saltos del día.

 

Habrá sido una experiencia singular,

mórbida con sabor a pan sin levadura,

sin ataduras, sin firmas de responsabilidad,

solamente por el prurito de amarse

y entregarse como hacemos siempre.

Llevó contadas las veces

que me devuelvo a ti

como perro amaestrado.

Sigo el rastro de tu feromona

y el resto es cuarto de hotel y cama.



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