Joseponce1978

La huerta murciana

Rayos de sol que resbalan

por la pulida piel del tomate

dándole matices de sangre.

Espacios que se cuadriculan

entre cañas de perfil piramidal

en las que se lían los pimientos.

Cebollas tan frioleras como

para desnudar a los ángeles

invernales y de esta manera

poder endosarse sus capas.

alineadas habas y enfilados

guisantes que desenvainan

tarde, dando lugar a la crudeza

de verdosos estallidos.

Cabezas bien amuebladas

con apiñados dientes de ajo

a los que hasta los vampiros

les clavan el colmillo.

Subterráneas patatas

que ensanchan sin cesar

comprimiendo su aposento

de tal manera, que la mullida

tierra se eleva hasta ocupar

el lugar que por derecho

le pertenece a las nubes.

Calabazas de agarrotado

rabo que, al sonreír sarcásticas,

dejan en la estacada

al mismísimo halloween.

Sandías gigantescas

que se sueltan de la mata

por su propio peso

y ruedan por los surcos

hasta derribar a los pepinos

sin dejar ni uno en pie.

Hortelanos que, acoplados

a su apéndice azadón

por medio del desgastado astil,

moldean las hortalizas

en la región donde se relamen

las ollas de barro.



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