minsandi

Safari urbano

Cuando el dorado círculo aparece
un nuevo desafío comienza
entre las selvas de concreto,
para sobrevivir entre mecánicas fieras.
Los primeros retoños salen
en pequeñas manadas entre las estepas
hacia la sombra de los refugios
donde se esconden, aprenden y juegan.

 

El aire se llena de estrés
cuando las manadas metálicas ruedan
empujándose unas con otras,
vociferando prosopopeyas
porque el pájaro del tiempo acorta
sus pocos minutos de espera.
Después, las multitudes se pierden
en las oficinas que las albergan.

 

Cuando el círculo dorado brilla
en el esplendor de su fuerza,
se hace patente el safari urbano
de los hombres, que ven como presas
a quienes pasan por sus negocios
ofreciendo baratísimas ofertas,
para devorar sus alimentos
y sus almas, con frases inciertas.

 

Al caminar entre el asfalto
y el concreto de las estepas,
se observan muchos heridos
en condición indefensa,
sin alimentos, sin descanso,
sin un techo que los proteja.
Se les deja a la mano de Dios
como pobres e inútiles presas
para que la selección natural
que rige como ley de la selva
los elimine libremente,
mediante sus peores fieras.

 

Cuando la penumbra se asoma
y el círculo dorado se aleja,
se encienden múltiples lunas
que opacan a las estrellas.
En la rutas de las manadas,
estas enfurecidas se golpean,
en desesperado estrés, buscando
el refugio que ofrecen las cuevas.
Pero en las noches, aparecen
las más temibles de todas las fieras...
como manadas de hienas se agrupan
escondidas entre las aceras,
agazapadas para cazar
a los inocentes como presas,
para despojarlos cruelmente
de relojes, anillos y cadenas;
sembrando el terror al huir
y dejar sus dardos como huellas.

 

A toda hora, en el safari urbano
se ve a cualquiera como su presa,
para devorarle a poquitos
hasta que del todo se muera,
no importa si muere por dentro,
o se muere por fuera.
Entre las estepas de concreto
y los árboles de luz sin madera,
lo más importante es sobrevivir
aunque para ello, otros se mueran.

 

¡Asqueroso es este safari urbano
que en la ciudad se contempla!
¡Prefieren cazar al prójimo,
despellejando lo que se pueda!

 

¿Hasta cuándo veremos al prójimo
como prójimo y no como presas?

 

¿Cuándo acabará este safari urbano
que devora al hombre como bestia?
¿Cuándo morirá la selección natural
y acabará el complejo de selva?

Comentarios2

  • Al Duborg

    Mientras los recursos de todos estén en manos de pocos, la competencia será mayor y lo natural será menor, la injusticia impera, por eso nos vemos como rivales y no como hermanos, sueño con un mundo sin gobiernos, sin fronteras, sin militares y sin banderas, excelente poema adornado de metáforas muy ciertas, Saludos desde Venezuela.

  • Melba Reyes A.

    Me resulta interesante su forma de tratar estos temas abordados en los tres poemas que, hasta el momento, he leído de usted. Con relativa frecuencia entro a Poemas del Alma y es hasta hoy que me encuentro con algo suyo. Saludos.



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