Santiago Miranda

Poesía de cordura y muerte

 

Este cuerpo material
Atrapado en sí, llevado
De fatiga en colapso
Al umbral de la mañana
Estática y permanente

En la medida de lo posible
Lo ideal es, volverse loco
Sí, volver a lo ingobernable
Dejarse poseer por la palabra
De cuál provino con un motivo ignoto:

Numen, recibir el aliento del viento traído
Desde el mismo paraíso (o) de la nada
El éxtasis que obliga a crear ora en calma
Y otrora sin identidad ni motivo aparente

Dejarse volar los sesos o exhalar
La gracia poética de lo permanente
Salir por espíritus santos, aves
De fuego transparente en la eterna
Carroña que es el hambre infatigable

De lo que sucumbido cae, en picada
Por actuar edipos involuntarios, triadas
Naturales al inconsciente, cada ciertos años
Vaivenes incurables que subyacen a la palabra

Abrir, abrirse un poco el alma
Pero el alma no es sino carne
Bajo un dolor de placer y sangre
Abrir, abrirse un poco la palabra
Hasta no quede sino silencio
Mas allá de lo inquietante, abrir
La nada y fuera, al abismo, replegarse

Que la belleza no sea otra
Que las esquirlas de sí expulsadas
Desolladas del dolor injustificable
Como pétreos aerolitos fundantes
Fulgidos, petreritos, preciosos
Transparencias encomiables
Discursos dignos al fin de ser
Por propio mérito, escuchados

(24/11/2016) (15/6/2018)



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