Antonio Encinas Carranza

El árbol: Hijo de la Tierra

Misterioso y solitario.

Elevado y orgulloso.

Siempre mirando Hacía lo alto.

Extendiendo los brazos Poderosos al infinito,

Queriendo Abrazar al tiempo.

Intentando Atrapar al viento.  

Que siendo Hijo de la Tierra,

Lo tienes todo Fuerza y eternidad

Acumulada por los años.

Que marcan tus anillos.  

 

El viento invade

Con rumores de aliento

Tu copa frondosa.

Cabellera hermosa

Que la brisa despéina.  

 

Solo bebiendo el agua

De la lluvia pluvial,

Que con tu magia

Conviertes en frutos.

Alimentos que todos

Vamos a aprovechar.  

 

Habitáculo seguro

De infinitos seres,

Ardillas y reptiles.

Nidos de aves

Que se esconden y

Y pasan desapercibidos.  

Monarca del reino vegetal.

La naturaleza te ha dado

El poder de convertir

El veneno en el oxígeno vital.

En tu lucha contra el Fenómeno creado

Por el descuido humano

Que llaman Calentamiento Global.  

 

Al llegar la ancianidad,

Aunque cuando ya nadie te peina,

Porque has perdido el cabello,

Sigues dando aliento y calor,

En los días fríos del invierno,

Convertido en leña,

De muchos hogares.  

Autor: Antonio Encinas Carranza

D. R.



Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.