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EL RAYO

EL RAYO
-Dodecasílabo con cesura- 11 estrofas

El viento que corre a través del monte
arremete fuerte contra la cortada,
el choque de rayos de tormenta atada,
viola huerta y campo hasta el horizonte.

Lluvia reforzada penetra la tierra
como ninfa núbil hasta sus entrañas,
gritándole al mundo que el semen la baña
con la posesión, de la luz que aterra.

Tormenta traidora que el granizo porta
con blancura inerte que la manta cubre,
imprevisto invierno, que el rayo descubre
tétrica visión, que el monte aporta.

Los gritos de miedo, que el pastor proclama
de noche, al rebaño manso y espantado
por activo trueno, andando asustado
buscando el bardal, que brama y aclama.

El trueno guerrero venciendo de noche
ataca a pastores. Dentro en la majada
junto a sus rebaños, con capa mojada
en suelo reposan sin ningún reproche.

Sus huesos cansados de la trocha dura 
por entre guijarros la recua camina, 
que guía el pastor, de vida cansina,
jornada lluviosa difícil clausura.

Sigue el rayo fiero, que en la lejanía
recuerda su fuerza y su lozanía, 
lucha con el árbol y con su agonía,
que firme en su tronco él lo desafía.

Violadora lluvia de la dócil tierra,
que en su orgasmo coge, pues ella se gesta
con simiente propia, que el hombre le presta 
a la huerta, al campo, y a la misma sierra.

Pasa la tormenta, y el sol aparece,
genera la vida, porque el campo alerta
se encuentra en barbecho y la tierra abierta
a la hierba blanda y al pasto que crece.

La luz de la vida que lejos se acuna
ofrece al gentío una fiesta malva,
de tardes de rosas y olores al alba 
ya el niño no llora, paciente en su cuna.

Mi Dios me bendice, dándome alegría,
me ofrece la tierra… esta tierra mía 
para disfrutarla siempre cada día,
allá tras la trocha, donde viviría.

Roberto J. Martín

 


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