David Silvestre

Blanco



 

En busca de los días blancos
cuando el tiempo nos agreda,
cuando la mañana quiebre
en lamentos la voz de la cabeza.

 

La cabeza, 
ese castigo que obligados levantamos
cuando es fina aguja fría
cualquier saludo que obramos
y alivio cualquier despedida.

 

En busca del blanco que despoje
de ser y conciencia al cuerpo,
músculos, huesos, venas, sombras,
y nos acoja en el claro sueño.

 

No creo en la cobardía si soy yo mismo
el peligro que acecha en los cristales,
No creo en la cobardía
si es de mí de quien me alejo
en esos viajes.



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