Kleber Exkart

¡Oh magnifico sol!

La larga cabellera luminiscente levantó

su majestuosa antorcha por el poniente.

En el extenuante día sus rayos

desde el alba hasta el atardecer

calientan desde los albores de la tierra

la sal derroche de sibaritas que

busca refugio a su fuego en el anochecer.

 

La estrella lumínica suspendida en la nada

incandescente destella sus rayos de luz.

A su alrededor metafóricamente el bello

planeta azul se regodea de su magnificencia.

 

El mar se viste de mil colores

en la danza frenética de amores

que en cada amanecer despiertan

a las sempiternas ninfas de Poseidón.

 

Llega la luz y viaja rauda hasta

lo profundo de las aguas,

son las bocanadas de fuego del sol

que como besos ardientes aguijonean

los pétalos suaves de agua.

 

Todo se mueve con su beso

en el horizonte. Nada es sin su luz.

Nada sin su abrazo que se extiende

por los confines de los siete

caminos de mares impuros y trogloditas

capaces de devorar ciudades

y hombres de venturanzas intrépidas.

 

Imponente desafiando los sueños

de batalladores augustos se abre

paso entre el mar del norte y el

leviatán azul del Atlántico.

 

¡Oh magnifico sol!. Moneda viva

de los vastos cielos de quemantes

estrellas que engullen helio

para sobrevivir a los eclipses

y lanzarse por el túnel del tiempo

en la búsqueda de los pequeñísimos

átomos que saltan atrayéndose

en rituales metafísicos

que nos devuelven vida por vida

en cada una de sus largas

espadas de fuego que nos abrazan.

 

¡Oh magnifico sol!.

Te espera el mar y su ignota

fuerza. Te espera la gaviota, el piquero.

Te espera el delfín, la ballena;

todo el enjambre de peces conque

el creador pobló las aguas saladas

y dulces del planeta.

 

Te espera el pescador con su

larga red para la vendimia del mar.

Te espera el amante que atisba en

el horizonte sin líneas el beso

cáustico que llega a los rosales

que como ramilletes florecen en los arcoíris .

 

Te espera mi amada

que bosteza perezosa

con tu primera bocanada

de luces y calor.

Llamando al primigenio amor

inicia su danza del día

inclinada al alba

con los primeros rayos de sol.



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