El hijo de las trece

Golem

 

Yo canto al hombre que sabe andar solo

entre las multitudes al margen de los sentidos

en busca del aire donde abre

al morir la voz, un precipicio.

 

Yo paro al paso en la muchedumbre

del que siempre será un desconocido

y lleva, en los ojos escarpados,

la lluvia imprecisa de un renglón vacío.

 

 

Yo ando su mismo amanecer entre los grajos

bajo los brazos de árboles cruzados 

ahórcandonos la gloria, callados,

en mil silencios oscilando.

 

Yo rindo ante los cantos del Licántropo

y me esfingo ante su aullido extinto

esperando un solo temblor, un suspiro;

si me lo pidiera, podría romper vuestro mundo.



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