Wellington Rigortmortiz

* Master Dream



Lluvia púrpura

se divisa al norte,

tan distante su presencia,

su aproximación a mí, es lenta,

su aroma, débil, pero constante,

incontables son los años

que estas tierras desoladas

han permanecido polvorientas,

en sequía, llenas de desolación,

de silencio, de muerte,

mi piel reseca, agrietada,

con sus llagas abiertas

aguarda esa lluvia lejana,

sin imaginar que el viento,

puede desviarla,

llevársela a infiernos o paraísos

incendiados de madures y verdor.

 

Es la sexta ocasión,

que después de muchos lapsos  

crueles de tiempo,

una lluvia distinta

se aproxima a lo lejos,

mi retina aun refleja esas llegadas,

esas esperas, ese firmamento

que al pasar sobre mi

se torna estéril,

la esperanza, aun frágil,

tambaleante, de pie,

espera su llegada,

tantas llegadas, como árbol

firme aguarde

las inclemencias del clima,

del paso del tiempo,

adormecido con un hechizo

similar a la muerte

mi conciencia divaga, sueña.

 

Un sueño maestro,

padre de los sentimientos

tan arcanos y surrealistas,

es el que experimento,

mentira sobre la verdad,

o quizás…

verdad sobre las mentiras,

utopía fuera de mi existencia,

soñé que éramos humanos,

viví bajo tu embrujo

tan exquisito y sutil,

una trampa en la que he caído

solo para obtener

mi pequeña muerte, así,

logro sentir lo anhelado;

lluvia púrpura,

avanzas lentamente

mientras las llagas de mi piel

abiertas sedientas están

de tus lágrimas.

 

La espera recién comienza

y ya es una eternidad,

los temores generan desidia

con el cansancio mental y físico,

porqué deseas

avanzar lentamente hacia mí?,

porque a mí me exiges esa espera?,

un eco retumba en el espacio,

son tus palabras,

detenida te has quedado al avanzar,

el poder de la vida

rige sobre el destino,

y nada podemos hacer,

más que mirarnos y admirarnos

en una distancia que abruma;

un sueño maestro

me lleva cerca de ti,

junta tus manos con las mías,

entrelaza nuestros dedos,

espero la lluvia púrpura,

entendiendo que esa lluvia

la tenemos los dos

brotando de los ojos,

guardando en el alma,

en el corazón y la mente,

las palabras,

las promesas sagradas,

un pacto realizado,

y, un nacimiento…

benditos seamos por siempre

al llegar al final

donde nacerá el principio de los tiempos,

malditos seamos por siempre,

si nos extraviamos

escondiéndonos el uno del otro.



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