Kleber Exkart

Dulce Ciruela

Mujer de ciruela de piel dorada

tus carnes rosáceas mi bella amada

han sido trocadas como una duela,

alguien te abandono como descarne de suela.

 

La vieja ruta del amor

desde Paso Norte a ciudad Refugio

están encharcadas con tu sangre y dolor.

Los viejos ciruelos te lloran

en los meses de invierno

cuando desnudos de hojas y flores

enjutan su sabia para resabiar

el frio inclemente que muerde sus raíces.

 

Mujer damascena de labios rojos

allí donde los ciruelos

encintan las Claudia de color verde pálido,

allí también los nombres de las miles de mujeres

desaparecidas en el mar de arena

donde la duna empina sus senos

reclaman una atalaya para sus sacrificios.

 

Ciudad Juárez, la del gran mirador

no quiere saber del olor putrefacto

que viene de allende la frontera de maquila.

Sus hombres arriscan sus narices

y echan la mirada a otro lado.

Algunos saben de las muertes de sus hermanas

pero las prefieren difuntas  a valorarlas

solo los enristres de los ciruelos

saben de los interminables vuelos

de sus cabecitas locas

que un día salieron por lana

y volvieron trasquiladas.

 

Muertes ignominiosas, misóginas

pueblan el campo de ciruelos;

hoy son ya miles los duelos

que llenan lapidariamente las páginas

de un inveterado diario

que recoge las crónicas de muerte

de las mujeres que no corrieron con suerte.



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