25.

Carta a lo eterno

Cerrar los ojos a tu lado era acercarse a un límite que ninguna de las dos teníamos. Jugábamos tapando cada mirada de aquello que nos asustaba, dentro de sueños, pasiones, riesgos, ilusiones… acomodando el miedo a nuestra manera de vivir. Quizás querernos fue nuestro mayor error, y nos arriesgamos a probar algo que sin darnos cuenta ya sabemos que salió mal, pero me demostraste que quererte fue lo contrario a un error. Que la errata de tu nombre escrita en el cuaderno de mi vida fue la manera que tuvo el destino de decirme que, juntas, tenemos algo más que decirnos. Llegamos al punto final, en donde piensas si valió la pena decir el primer te amo, arriesgando tu cuerpo a complacerme, prendidas en la llama de querernos, solicitándole al miedo una tregua que, para ambas, sea un nuevo comienzo. Resolvemos dudas, ahora, juntas, rotas y rendidas, esperando que la una cosa a la otra con palabras de consuelo, temiendo encontrarnos en una casualidad que no era la nuestra y, permíteme decirte amor mío, que quizás no nos merezcamos la una a la otra, que quizás nuestro amor tenga un final y ante la duda de saber si será feliz o no, quieras poner pegas al amor que nos tenemos, que quizás las reglas de la naturaleza nos condicionen o que temamos no encontrar contacto en nuestros roces, pero, hoy día, levantando la mirada al cielo, cogiendo el aire más puro en mis pulmones y, con una sonrisa gritándole al tiempo que te amo, puedo decir sin miedo a equivocarme, que lo nuestro será eterno.



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